sábado, 6 de abril de 2013

Querido diario. vol3

Bi me miró fijamente unos instantes, por sus ojos podía adivinar que le había decepcionado y, pese a las ganas que tenía de besarle, abrazarle y no soltarle nunca... me iba a casar con Finn, eso era un hecho.

-Bien, entonces enhorabuena Kiu.

Me acerqué a él, "no me llames así... no puedo", le rodeé con los brazos sin saber si él quería o no que yo lo hiciera, su respuesta fue estrecharme contra su pecho donde me refugié unos instantes, me separé y le miré a los ojos, le acaricié la mejilla antes de besarla.

-¿Cuándo os casáis? -preguntó.
-No hay fecha aún... -contesté negando con la cabeza.
-Pues espero que me invites al menos, ya sabes que la comida gratis me encanta  -"Bi y su extraña manera de quitarle hierro al asunto".
-Por supuesto que te invitaré -asentí- Bi... ¿puedo decirte una cosa?
-Claro -decía con una sonrisa- dispara.
-Yo también te quiero -fue en ese momento cuando me separé para mirarle fijamente deseando que se volviera a lanzar a mis labios.
-Claro Kiu, somos compañeros, ¿recuerdas? -volvió a sonreír.

"¿Cómo es posible que sonrías? Después de todo, ¿te da igual? desde luego soy gilipollas...", eso pensé mientras le veía acercarse a la ventana mientras me daba la espalda.
"Conclusión: Sage, después de vivir 900 años... eres una ilusa".
No sabía por qué la frase de los compañeros que había dicho Bi me había roto el alma, me giré para ir a la ventana opuesta, no encontré bonitas vistas como en la suya, sino la fachada del edificio de enfrente llena de pintadas y heces de las asquerosas palomas posadas en el tejado, dios, como odiaba a las putas palomas, en ese momento lo odiaba todo.
Se me llenaban los ojos de lágrimas, unas lágrimas que, por su propio peso, caían irremediablemente mojando mis mejillas.

-Kiu -me llamó- prométeme algo.
-Lo prometo -aseguré sin saber lo que me iba a pedir.
-No permitas que te arrincone. No dejes que te haga daño... Finn -dijo a media voz.
-Lo prometo... ¿sabes qué, Bi? -suspiré- no voy a besarte... hoy.
-No espero que lo hagas, ni hoy ni nunca. Quieres a Finn... no debes besarme.
-Lo se -me giré apoyando los codos en el hueco de la ventana, seguía de espaldas- pero yo se una cosa que tú no sabes, Bi.
-¿El qué? -preguntó al tiempo que se volvía con las manos en los bolsillos.
-Ya te enterarás -una sonrisa ladeada se dibujó en mi rostro.
-Ya sabré, entonces -se encogió de hombros.
-¿Y ahora qué hacemos? 
-No lo se, has sido tú la que nos ha traído aquí -hizo una pausa pensativo- ¿qué sabes que yo no sepa?
-Que estas sábanas también atraen pelusas -sonreía mientras alzaba la ceja mirándole.
-¿Si? ¿Estas también? -imitó mi gesto.
-Ajá... y por lo visto si cogen pelusas, dan alergia.
-Habrá que evitarlo a toda costa, ¿no crees?
-No quiero que te salga un sarpullido enorme... -hice una mueca sonriendo- daría asquete.
-¿Perdona? -preguntaba acercándose a mi- nada en mi da ni daría asquete -apoyó una de sus manos en la pared al lado de la ventana medio arrinconándome, miré su brazo, sus labios y, por último, sus ojos.
-Si te sale un sarpullido, si -sonreí con suficiencia, a lo que él respondió quitándose la camiseta y tirándola a un lado.
-Todo resuelto -volvió a la postura inicial haciéndome presa en unas rejas de carne, hueso y calidez, mucha calidez.

Me di cuenta de como me miraba los labios y sonreí para mi, no podía despegar la vista de su torso desnudo, mi mano se movía impulsivamente para acariciarle, yo intentaba controlarla pero sabía que no podría aguantar mucho más. Se inclinó a mi y se acercó hasta quedar a escasos centímetros de mi boca, llevó la mano libre a mi brazo, lo acariciaba mientras subía haciendo leves cosquillas hasta mi cuello, se quedó ahí acariciando, cerré los ojos e incliné el cuello haciendo el roce con tus dedos más intenso, giré levemente la cara para besar la palma de su mano, él llevó su pulgar a mis labios creando una recorrido suave en ellos.

-¿Sabes qué? -preguntó, "¿cómo puedes preguntar algo ahora? Solo calla y bésame".
-¿Qué...? -sin abrir los ojos respondí con otra pregunta al tiempo que entreabría los labios al notar su pulgar en ellos, estaba disfrutando que cada caricia, de cada roce.
-Hoy ya es mañana... -abrí los ojos para mirar el reloj de pared de enfrente que marcaba las 00:01.
-¿Eso que significa, Bi? -buscaba sus ojos mientras me apoyaba levente en su brazo, sabía perfectamente lo que significaba que no fuera "hoy" y deseaba con todas mis fuerzas que lo hiciera, que me besara de nuevo y no parase nunca.


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