Lunes, 30 de septiembre de 2013, 21:55.
Sage salió de casa con los cascos puestos, iba al gimnasio. No es que lo necesitara, pero siempre se fijaba en los cuerpos de sus compañeros y le encantaba verlos.
Hacía footing centrando sus pensamientos única y exclusivamente en la música que escuchaba, ya no era esa agresiva de antes, ahora estaba escuchando "when I was your man" de "Bruno Mars". Se estaba empeñando en cambiar de verdad. ¿Por qué? Solo ella lo sabía.
De repente algo la atacó, la placó y cuatro pares de manos sujetaban su cuerpo ahora. No le dio tiempo a nada cuando inyectaron verbena en su cuello. No sabía cómo ni por qué había pasado pero estaba inconsciente.
Las mismas manos pusieron una bolsa en su cabeza. La maniataron y la metieron al maletero de un coche, poco espacioso cabe añadir.
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Martes, 1 de octubre de 2013, 10:15.
Dos balazos, uno en cada pierna, hicieron despertar a Sage con un profundo grito salido de lo más hondo de su estómago, no por el dolor, si no por la rabia. Últimamente estaba muy distraída, esta era la consecuencia.
Estaba esposada, con grilletes y una estaca de madera atravesando sus extremidades, a una mesa dura, de piedra posiblemente, tampoco quería detenerse a comprobar si era granito o una simple pizarra.
Ya atada, la primera voz que oyó fue la de alguien que dijo ser médico y la informó de la gravedad de las hemorragias en las piernas y que, por eso, no intentara resistirse.
-Soy inmortal, gilipollas -contestó ella aún encapuchada.
Nadie contestó. Se presentó otra voz que dijo ser "la Derecha". Manifestó que ellos sabían que Sage había sido la causante de todas las muertes en el nido y que, por ello, "la Reina" quería ver como la torturaban.
-Oh... así que tú eres "la Derecha" de "la Reina", vaya..., estoy frente a la mano que masturba a alguna vampiresa cachonda -Sage no sabía de donde sacaba las fuerzas ni el ingenio. Pero cada vez tenía peor humor.
Nadie la hizo caso.
Durante horas, Sage fue sometida a descargas eléctricas, pinzaban sus labios, abdomen y orejas y daban descargas cada vez más fuertes. Consiguió ella, sin proponérselo, hacerlos enfadar aún más ya que, aunque la hacían gritar y estremecerse, no consiguieron que se desmayara.
Comenzaron entonces, incorporando la mesa que debía tener algún sistema para ponerla como si fuera una silla, un apaleamiento sistemático y rítmico con varillas de madera en la espalda, las pantorrillas y las plantas de los pies. Al principio el dolor era intenso. Después se hacía insoportable. Por fin se perdía la sensación corporal y se insensibilizaba totalmente la zona apaleada. El dolor, incontenible, reaparecía al rato de cesar con el castigo. Y se acrecentaba al arrancarle la camisa que se había pegado a las llagas, para llevarla a una nueva "sesión".
La quemaron, en dos o tres oportunidades, con algún instrumento metálico. Tampoco lo vio, pero la sensación era de que le apoyaban algo duro. No un cigarrillo que se aplasta, si no algo parecido a un clavo calentado al rojo, lo pusieron sobre sus piernas y brazos varias veces.
Después, con toda paciencia del mundo, comenzaron a despellejar las plantas de sus pies. Suponía, no lo vio porque no la quitaban la puta capucha, que lo hacían con una hoja de afeitar o un bisturí. A veces sentía que rasgaban como si tiraran de la piel, desde el borde de la llaga, con una pinza. Esa vez si se desmayó.
Desde entonces empezó a sentir que convivía con la muerte.
Cuando no estaba en sesión de tortura, alucinaba con ella. A veces despierta y otras en sueños.
Miércoles, 2 de octubre de 2013, 09:00.
Cuando la iban a buscar para una nueva "sesión" lo hacían gritando y entraban a la celda pateando la puerta y golpeando lo que encontraran. Violentamente. Por eso, antes de que se acercaran a ella, ya sabía que la tocaba. Por eso, también, vivía pendiente del momento en que se iban a acercar para buscarla.
De todo ese tiempo, el recuerdo más vivido, más aterrorizante, era ese de estar conviviendo con la muerte. Sentía que no podía pensar. Buscaba, desesperadamente, un pensamiento para poder darse cuenta de que estaba viva. De que no estaba loca. Y, al mismo tiempo, deseaba con todas sus fuerzas que pudieran matarla.
La lucha en su cerebro era constante. Por un lado: «recobrar la lucidez y que no la desestructuraran las ideas», y por el otro: «Qué acabaran con ella de una vez».
Varias horas más tarde, al ver que no lloraba, a la tortura física que se aplicaba desde el primer momento, se agregaba la psicológica.
-Sabemos que tienes dos hijos: Ever y Benjamin, ¿verdad? También sabemos que hay un Peter.
En ese momento la quitaron la capucha y la enseñaron sus fotografías, estaban todos. También la mostraron una caja que chorreaba sangre, la abrieron y se vieron dos dedos de bebé. Entonces, Sage si lloró, lloró de rabia y pataleó todo lo fuerte que podía, gritando. Un crack anunció la ruptura de la piedra, un pedacito de mesa cayó al suelo. Sage lo vio y lo escuchó, echó una mirada feroz a sus acompañantes y empezó a golpear con sus pies la piedra. Las estacas de madera subían y bajaban desgarrando la carne interna de los tobillos de Sage, pero no se detuvo. Siguió pataleando hasta que consiguió romperlo del todo, en menos de diez segundos, gracias a la velocidad vampírica. Consiguió liberar sus piernas. Un puñetazo en su mejilla acababa de cruzarle la cara a Sage.
Otro grito salió por su garganta.
-¡La verbena! ¡Si se libera, nos matará a todos! -escuchó a un hombre con bata blanca que corría saliendo por la puerta.
-Vais a sufrir, hijos de puta.
Con esas seis últimas palabras, Sage encontró la fuerza necesaria para sacar sus muñecas de la mesa de un tirón. Con sus muñecas se llevó también las estacas, que arrancó con la boca. Ahora estaba de pie, a penas se sostenía pero podía defenderse, con una bata de enfermo de hospital. Esperó a que algún valiente se acercara. No tuvo que aguardar mucho la espera. Al primero que se le acercó le arrancó la cabeza con un único movimiento, la volcó en su boca abierta para que la sangre cayera directamente por su garganta. Bien. Empezaba a recuperarse.
Jueves, 3 de octubre, 00:01.
"Última hora, un pueblo al oeste de Virginia ha sido masacrado, parece un ataque de animales salvajes, las autoridades se están haciendo cargo".
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