domingo, 14 de abril de 2013

Recuerdo de Jane


-Jane, Jane, ¡para! -iba detrás de ella corriendo- para, Jane.
-Vamos, enana, un poquito más -se paró para cogerme la mano y llevarme a su paso.
-¿Dónde vamos? -seguíamos rápido por un camino cubierto por hojas secas y tierra.
-Ahora lo verás -reía ella mientras yo seguía sin entender nada.

Por aquel entonces yo tenía nueve años y ella catorce, recuerdo que corríamos mucho, yo siempre he ido detrás de ella donde quisiera que fuese, ese día la dije que quería un perrito.

-Ahora para, enana -dijo al tiempo que me soltaba para ponerse detrás de mi y taparme los ojos.
-¿Qué pasa, Jane? Me das miedo...
-Eso es porque eres una miedosa -comentaba en tono burlón.
-¡No es verdad! Yo soy una valiente -puse mis manos sobre las suyas haciendo fuerza para bajarlas.
-Quieta..., ya casi hemos llegado, no tengas miedo, ¿vale?
-Vale, ¿me prometes que no pasará nada? ¿Con el meñique? -levanté mi dedo en su dirección.
-Lo prometo con el meñique -juntó ambos y recitó las palabras de la promesa- lo juro que me muera.

Sonreí, me sentía segura con mi hermana, seguimos andando un poco más hasta que noté el suelo más blando bajo mis pies.

-Ya hemos llegado -apartó las manos de mis ojos y entonces pude verlo.
-Jane... -me acerqué a los cachorros que tenía enfrente- ¿y su mamá? 
-No lo se, pequeña -vino a mi lado y se arrodilló para acariciarlos- los encontré esta mañana y fui a buscarte rápido.
-Hala... -sonreí mirándolos e imité a mi hermana, me senté sin temor a mancharme el vestido nuevo y puse uno de los cachorros encima de mi para poder acariciarlo mejor- se va a llamar Toby.
-No te encariñes, Sage... no son perritos -se juntó a mi para abrazarme después.
-¡Si lo son! -señalé uno por uno- ¿ves? Ahora se los llevamos a padre y seguro que los quiere.
-Son lobos -me susurró al oído, abrí mucho los ojos al escucharla y me aparté un poco del que tenía encima.
-Los lobos son malos -dejé el cachorro en el agujero del que lo había sacado y me levanté- vayámonos de aquí, Jane, su mamá se enfadará.
-He estado aquí todo el día y no he visto ninguna mamá, por eso te traje, enana -una sonrisa divertida asomaba por su rostro.
-¿Seguro? -pregunté frunciendo el ceño, ella asintió sin levantarse y me puse detrás de ella mirando a los cachorros.
-Miedosa... -escuché su risa burlona y me crucé de brazos.
-¡No soy una miedosa! -me arrodillé junto al agujero y me metí dentro- ¿ves? ¿A que esto no lo haces tú?

Justo en ese momento escuché un aullido, no estaba lejos, miré aterrada a mi hermana y empecé a temblar de miedo.

-¿Jane...? -un hilillo de voz preguntaba por mi.
-¡Sal, corre! -me cogió la mano y me sacó del agujero, empezamos a correr, yo no sabía donde íbamos de modo que me limité a seguirla, me estaba quedando atrás, no podía aguantar su ritmo, ella era la que corría rápido, no yo.
-¡Jane! Ayúdame, no puedo -grité para que parase- ¡Jane! -al ver que mi hermana no me escuchaba seguí corriendo, otro aullido se escuchó más cerca que antes- ¡Jane, por favor!

Entonces mi hermana paró y me miró con una cara que nunca antes había visto, yo seguía corriendo.

-¡Sage, quieta! -miraba detrás de mi aterrorizada y la hice caso, paré en seco, casi me caigo por esa frenada, el gruñido frenético de la madre de los cachorros se escuchaba justo detrás de mi, mi cuerpo se tensó involuntariamente y las lágrimas empezaban a salir por mis ojos, Jane se acercaba despacio con algo en la mano- sh.

Asentí, no hablaba, simplemente estaba quieta, muerta de miedo y llorando, sentí como una piedra pasaba rozando los mechones sueltos de mi pelo y daba a la loba que tenía detrás.

-¡Corre, corre! -gritó mi hermana, fui hacia ella todo lo rápido que pude, me cogió la mano y tiró de mi, nos adentramos en el bosque, entre los árboles, estaba muy cansada, no podía aguantar su ritmo- vamos, Sage, otro poquito más -la seguía sin decir nada, nos paramos frente a un árbol robusto, alto, con las raíces fuera del suelo- sube, enana.
-¿Y tú?
-Iré detrás de ti -asentí, con la ayuda de mi hermana conseguí subir al árbol- venga, ahora te toca a ti, ¿vale? -tendió su mano hacia mi, la cogí y tiré de ella todo lo fuerte que pude.
-Vamos, Jane -con mucho esfuerzo conseguimos estar las dos en el árbol en el menor tiempo posible- dijiste que no pasaría nada -la miré decepcionada.
-Y no ha pasado nada, ahora tienes que prometerme tú que no dirás nada a padre y a madre.
-Lo juro que me muera -alcé el meñique apuntándola, ella lo agarró con el suyo y me sonrío, acarició mi mejilla.
-Casi no has tenido miedo, ¿a que no?
-Si he tenido..., he llorado -limpié mis lágrimas con los puños- soy una miedosa.
-Bueno -llevó sus manos a mis mejillas y las pasó retirando los surcos salinos que había dejado al llorar- no pasa nada, pero tienes que dejar de tener miedo, ¿vale? 
-Pero no puedo -miré mis manos mientras jugaba con ellas.
-Pues entonces no te cuento un secreto -la risa de mi hermana me tranquilizaba ahora.
-¿Qué secreto? -alcé la vista para mirarla emocionada.
-Cuando dejes de tener miedo te lo contaré.


Nunca supe cual era el secreto, ya que a los dieciocho años, cuando me convertí en vampiro y dejé de tener miedo, tuve que abandonar a mi hermana.

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