sábado, 7 de junio de 2014

When I became aware of my true powers.

Sage estaba enseñando el lenguaje de signos a Einstein, quería que él aprendiera a comunicarse por si solo y sabía que podía conseguirlo.

-Einstein, vamos pequeño, "tengo hambre" -dijo.

Su frase iba acompañada de un movimiento, Sage juntó sus dedos estirados y los puso sobre sus labios, después extendió la mano llevándola a su abdomen, haciendo pequeños círculos en él.

-Tengo hambre -repetía una y otra vez intentando enseñar a su chimpancé.

Así pasaban los minutos y las horas mientras Peter trabajaba hasta que Einstein empezó a chillar y dar volteretas por todo el salón. La pelirroja resopló a sabiendas de lo que quería el pequeño simio. Se levantó y camino con total tranquilidad a la cocina, sacando un plátano de la nevera, el cual enseñó a su amigo, que se quedó quieto mirándola atento, esperando su comida.

-Tengo hambre.

Sage alzó las cejas al decirlo, esperando que, de una vez, el mono respondiera como ella quería.
De pronto, Einstein llevó su pequeña mano a los labios, haciendo después círculos en su barriguita con ella. La pelirroja empezó a reír contenta viendo como él lo seguía pidiendo, se lo dio porque el simio sabía pelarlo y lo dejó en el salón mientras iba a ver a su hijo.
Ever estaba en el colegio, de modo que a estas horas de la mañana y sin nadie con quien jugar, Benji seguiría dormido, había salido igual de dormilón que su madre.

Sage cogió en brazos a su pequeño y empezó a besuquearlo por todas partes, despertándolo por fin.

-Ay... mami pada po favo -murmuró Benji aún adormilado, frotando sus ojitos despacio.
-Vamos a preparar la comida mientras esperamos a papi... que estará a punto de llegar -susurró tierna, dando un pequeño beso en la mejilla del bebé.
-Vade... pedo yo solo te veo, mami -contestó apoyando la mejilla en el hombro de ella.

--

Una pequeña explosión hizo saltar las alarmas de incendios de la casa, Sage había metido un cazo de metal en el microondas y había salido ardiendo, ahora la cocina estaba en llamas, aunque en unas llamas inmóviles. Seguía sonando la alarma pero el fuego no avanzaba. 
Sage estaba con las manos extendidas delante de su cara, protegiendo a Benji con su propio cuerpo, abrió un ojo para ver lo que pasaba, ya que no notaba calor por ninguna parte, entonces vio lo que había hecho.
Ella había conseguido parar el tiempo, pero solo de la parte que amenazaba con ponerlos en peligro.

-Mami... ¿qué has hechio ya? -preguntó Benji, asomando su cabecita por el lado derecho del cuerpo de la pelirroja.
-Te he salvado -contestó ella sin más, mientras iba a por el extintor del pasillo.

Vació el contenedor rojo cilíndrico por todas las llamas, sin comprender como había podido hacer eso. Ni siquiera le había dicho a Peter que movía cosas, ¿cómo le iba a contar ahora todo de golpe?

-Ya te dijo papi que no podías meted hiedo en el apadaaato, mami, pedo tú ni caso y pos hala, has tenido que salvame po no hacer caso niguuuuno -el pequeño hablaba desde la trona mientras veía como su madre recogía todo.
-El microondas estaba roto y... este será nuestro secreto -sonrió ella, guiñando un ojo a su pequeño-

martes, 22 de octubre de 2013

Lilit

Sage se dirigió a la cantera de donde había sacado el cuerpo de Stefan varios meses antes. Era el único lugar que le quedaba por mirar cerca de su casa. Tenía que encontrar a su hijo, debía hacerlo o acabaría volviéndose loca. Más aún de lo que ya estaba.
Se valió de su fino olfato para intentar captar el rastro que pudiera haber dejado Benji. No valió de nada.
Las horas pasaban y ella seguía allí, buscando hasta que la noche cubrió de negro cada rincón del bosque. Solo la luna proporcionaba algo de luz allí. Nada claro, ni una sombra, ni un llanto, tampoco había viento. Solo calma, demasiada calma en un pueblo en el que ya no había de eso. Un frío sepulcral caló los huesos de Sage e hizo que se estremeciera violentamente. Miró alrededor entrecerrando los ojos para poder distinguir mejor las formas. Un suspiro de alivio salió de su boca.
Siguió caminando despacio, sin darse por vencida en aquel lugar.
De pronto escuchó una fina melodía, un canto que hubiera jurado era de sirena, por su afán de tenebrosidad. Una risa divertida y alguien ahogándose acompañaban esa terrorífica canción sin letra.
Como las polillas a la luz, Sage se sentía atraída por esa música, no sabía por qué pero su cabeza la pedía acercarse, de modo que sus pies la hicieron caso. Era inevitable no caminar hacia esta voz.
Un llanto de bebé la sacó de su ensoñación, había olvidado por qué estaba allí. Pero seguía escuchándolo, el bebé estaba al lado de la mujer que cantaba.
Sage corrió sin pensarlo, guiándose por la magnífica voz, que descubrió que venía del agua, del fondo de esa especie de lago. Se asomó por un saliente en la roca y vio a lo lejos una extraña masa de pelo rubia, ondeando por el agua, con un suave vaivén, entre el pelo salía una manita de un niño, un bebé por su diminuto tamaño.

-Ben... Benji.

Por alguna extraña razón, Sage susurraba, estaba perdida en el propio mar de sus pensamientos, aún se sentía atraída por la voz.
Decidió acercarse un poco más al agua, sin hacer ni el más mínimo ruido, ella era ágil por lo que no le costó ningún esfuerzo. Ahora estaba en cuclillas en una roca desde la que podía tocar el agua. Quiso asegurarse de que era él, no tenía intención de adentrarse en vano. Entonces lo vio, la misma sonrisa que la suya, con una maldad inscrita y una picardía digna de su hijo. Solo de él.
Era Ben y estaba atrapado con una mujer que no era ella. Nadie se había percatado de la presencia de la pelirroja, que en ese momento lo único que quería era matar a la mujer que tenía a su hijo. La que le estaba cantando esa absurda y pavorosa cantilena.
Sin meditar las opciones, Sage se lanzó al lago, pensando que tenía un el fondo cerca, ya que los veía como si pudiera acariciar el pelo de la dama desde ahí, Sage descubrió que no podía estar más equivocada, pues sin darse cuenta, cayó hasta cubrir la cabeza y ahora ni siquiera podía verlos bien. Sage nadó deprisa hacia el fondo, guiada por la luz que desprendían los cabellos de la mujer. Cuanto más se acercaba, menos bello era el canto. Conforme nadaba, lo que la atraía antes, ahora la hacía chillar de dolor. Aún así seguía nadando ya que el agua y la hermosa mujer era lo único que la separaba de su hijo.
La ropa era pesada, la impedía moverse rápido por lo que se quitó la chaqueta. No le hacía falta. Seguía nadando sin parar, tampoco necesitaba respirar. Los pantalones no la dejaban impulsarse con las piernas. También se los quitó, al igual que los zapatos.
Cada vez estaba más y más cerca de él y, por tanto, menos dulce y armonioso era el sonido que emitía la mujer del lago. Cuanto más se acercaba, más se parecía a un quejido de animal, un berreo, cristal rayándose, el sonido de una pizarra chirriando con las uñas. Todo eso a la vez.
Alargó la mano, pues ya estaba demasiado próxima a ella como para agarrar los mechones de pelo que más lejos habían nadado. Lo hizo y, al rozar las primeras puntas rubias, la mujer se giró mostrando una boca abierta negra y unos dientes afilados que la adornaban, blancos, muy blancos y relucientes. Los ojos de esta estaban desorbitados, casi se podrían haber salido de las cuencas, eran de un gris demasiado claro. El rostro era alargado, terminado en una barbilla puntiaguda, faltaba carne en las mejillas y eso dejaba ver una lengua azul oscuro. Sage se dio cuenta de que lo que debería ser una nariz no eran más que dos agujeros medio comidos por el agua.
Al observar lo que tenía delante, Sage emitió un grito insonoro, solo podía haberse adivinado por las múltiples burbujas deformes que salían de su boca. Dirigió la mirada al niño que la mujer protegía ahora. No era como antes, ahora estaba con los ojos cerrados, el pelo castaño era fino, más oscuro de lo normal, sin brillo. No tenía movilidad, solo flotaba entre las ropas roídas de la mujer.
A Sage le cambió el gesto por completo. Estaba muerto. Su hijo estaba muerto en manos de una criatura repulsiva. A la pelirroja le dio un leve tic en el ojo, movía involuntariamente la cabeza con suaves espasmos, alzando la barbilla en varias direcciones. Estaba temblando de miedo, angustia y rabia. Miro a los ojos de la mujer con una furia aterradora y se abalanzó sobre ella.
Se debatían en una dura pelea que no se extendió más de diez segundos. Cuando se quiso dar cuenta, la abominable mujer sostenía a Sage por el cuello, la tenía presa, acorralada con la espalda pegada a una roca. La miraba a los ojos, sin hablar, sin mostrar ninguna emoción. Sage solo podía mirar el cuerpo sin vida de su hijo, atrapado en una cárcel de agua, invisible.
La mujer insistió en que Sage la mirara, estaba deseando que lo hiciera y la chica la dio el gusto. Volvió a observar sus ominosos ojos, que estaban fijos en ella. La mujer funesta examinaba a Sage con la confusión presente. No sabía como una simple humana podía aguantar tanto bajo el agua, tampoco por qué había bajado solo para ver al niño, ya que había advertido que no tenía parecido físico alguno con ella. Se acercó para olerla. Los agujeros pútridos de la nariz estaban a la altura de su boca, que entreabrió la asquerosa mujer para oler el aliento que salía expulsando aros de agua. Luego bajó a su cuello. Sage la miraba de reojo, confusa y asustada y aprovechó que la otra no estaba pendiente para volver a mirar a Ben.
Cuando lo intentó, la mujer empezó a chillar, apretó fuerte la garganta de Sage, fijando sus ojos en los de ella. Clavaba las uñas mientras Sage intentaba escapar, pero no podía. Ella era muchísimo más fuerte que la pelirroja. Sage no tenía ninguna posibilidad de nada. Ni siquiera pensaba en salir de allí, solo en coger a su hijo para salvarlo de las garras de ese monstruo.

-Soy Lilit -dijo la mujer, que ya no daba miedo, ahora mostraba el mismo rostro que ella veía. Una mujer pelirroja de ojos verde esmeralda, con pecas y unos labios carnosos y rojizos. De una belleza sublime- la primera mujer sobre la tierra -Sage podía escuchar a Lilit, exacta a ella, a la perfección- el primer súcubo. Vas a morir.

Entonces Lilit volvió a abrir la boca, desencajando la mandíbula. Clavó los numerosos dientes afilados en el cuello de Sage desgarrando todo a su paso: piel, carne y hueso, todo. En poco tiempo la cabeza de Sage yacía separada del resto de su cuerpo y Lilit volvía con el niño.


Lo que Lilit había pasado por alto es que Sage era una mujer que había sido atraída por su hijo, no por ella. También había obviado que era vampiro y, por supuesto, que es inmortal. El corazón de Sage aún latía y seguiría así mucho tiempo. Alargó los brazos para alcanzar la cabeza y la recolocó, con un fuerte crujido de vértebras. No tardó ni dos segundos en curar.
Lilit se dio la vuelta por el alboroto que estaba formando Sage al nadar a velocidad vampírica hacia ella y, al verse a si misma avanzar hacia ella, desapareció provocando una explosión en el agua.
Sage había ocupado el lugar de Lilit ahora. Era un súcubo solo que aún no lo sabía.
Ben tampoco estaba ya allí, había desaparecido junto con la explosión.
La pelirroja ascendió hasta la superficie y salió de esta levitando, llevaba ahora un vestido rosa palo y su cuerpo estaba ligeramente doblado hacia atrás. Tenía los brazos extendidos formando una cruz. Sin saber como, se dio la vuelta quedando boca abajo, el pelo rojo caía rozando con las puntas el agua. Sage tenía los ojos negros, no miraba a ninguna parte pero parecía que lo hacía a todas. Una sacudida hizo que se girara de nuevo, bajando los brazos para pegarlos a su cuerpo.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Lunes, 30 de septiembre de 2013, 21:55.

Lunes, 30 de septiembre de 2013, 21:55.

Sage salió de casa con los cascos puestos, iba al gimnasio. No es que lo necesitara, pero siempre se fijaba en los cuerpos de sus compañeros y le encantaba verlos.
Hacía footing centrando sus pensamientos única y exclusivamente en la música que escuchaba, ya no era esa agresiva de antes, ahora estaba escuchando "when I was your man" de "Bruno Mars". Se estaba empeñando en cambiar de verdad. ¿Por qué? Solo ella lo sabía.
De repente algo la atacó, la placó y cuatro pares de manos sujetaban su cuerpo ahora. No le dio tiempo a nada cuando inyectaron verbena en su cuello. No sabía cómo ni por qué había pasado pero estaba inconsciente.
Las mismas manos pusieron una bolsa en su cabeza. La maniataron y la metieron al maletero de un coche, poco espacioso cabe añadir.

-

Martes, 1 de octubre de 2013, 10:15.
Dos balazos, uno en cada pierna, hicieron despertar a Sage con un profundo grito salido de lo más hondo de su estómago, no por el dolor, si no por la rabia. Últimamente estaba muy distraída, esta era la consecuencia.
Estaba esposada, con grilletes y una estaca de madera atravesando sus extremidades, a una mesa dura, de piedra posiblemente, tampoco quería detenerse a comprobar si era granito o una simple pizarra.
Ya atada, la primera voz que oyó fue la de alguien que dijo ser médico y la informó de la gravedad de las hemorragias en las piernas y que, por eso, no intentara resistirse.

-Soy inmortal, gilipollas -contestó ella aún encapuchada.

Nadie contestó. Se presentó otra voz que dijo ser "la Derecha". Manifestó que ellos sabían que Sage había sido la causante de todas las muertes en el nido y que, por ello, "la Reina" quería ver como la torturaban.

-Oh... así que tú eres "la Derecha" de "la Reina", vaya..., estoy frente a la mano que masturba a alguna vampiresa cachonda -Sage no sabía de donde sacaba las fuerzas ni el ingenio. Pero cada vez tenía peor humor.

Nadie la hizo caso.
Durante horas, Sage fue sometida a descargas eléctricas, pinzaban sus labios, abdomen y orejas y daban descargas cada vez más fuertes. Consiguió ella, sin proponérselo, hacerlos enfadar aún más ya que, aunque la hacían gritar y estremecerse, no consiguieron que se desmayara.
Comenzaron entonces, incorporando la mesa que debía tener algún sistema para ponerla como si fuera una silla, un apaleamiento sistemático y rítmico con varillas de madera en la espalda, las pantorrillas y las plantas de los pies. Al principio el dolor era intenso. Después se hacía insoportable. Por fin se perdía la sensación corporal y se insensibilizaba totalmente la zona apaleada. El dolor, incontenible, reaparecía al rato de cesar con el castigo. Y se acrecentaba al arrancarle la camisa que se había pegado a las llagas, para llevarla a una nueva "sesión".
La quemaron, en dos o tres oportunidades, con algún instrumento metálico. Tampoco lo vio, pero la sensación era de que le apoyaban algo duro. No un cigarrillo que se aplasta, si no algo parecido a un clavo calentado al rojo, lo pusieron sobre sus piernas y brazos varias veces.
Después, con toda paciencia del mundo, comenzaron a despellejar las plantas de sus pies. Suponía, no lo vio porque no la quitaban la puta capucha, que lo hacían con una hoja de afeitar o un bisturí. A veces sentía que rasgaban como si tiraran de la piel, desde el borde de la llaga, con una pinza. Esa vez si se desmayó.
Desde entonces empezó a sentir que convivía con la muerte.
Cuando no estaba en sesión de tortura, alucinaba con ella. A veces despierta y otras en sueños.

Miércoles, 2 de octubre de 2013, 09:00.
Cuando la iban a buscar para una nueva "sesión" lo hacían gritando y entraban a la celda pateando la puerta y golpeando lo que encontraran. Violentamente. Por eso, antes de que se acercaran a ella, ya sabía que la tocaba. Por eso, también, vivía pendiente del momento en que se iban a acercar para buscarla.
De todo ese tiempo, el recuerdo más vivido, más aterrorizante, era ese de estar conviviendo con la muerte. Sentía que no podía pensar. Buscaba, desesperadamente, un pensamiento para poder darse cuenta de que estaba viva. De que no estaba loca. Y, al mismo tiempo, deseaba con todas sus fuerzas que pudieran matarla.
La lucha en su cerebro era constante. Por un lado: «recobrar la lucidez y que no la desestructuraran las ideas», y por el otro: «Qué acabaran con ella de una vez».

Varias horas más tarde, al ver que no lloraba, a la tortura física que se aplicaba desde el primer momento, se agregaba la psicológica.

-Sabemos que tienes dos hijos: Ever y Benjamin, ¿verdad? También sabemos que hay un Peter.

En ese momento la quitaron la capucha y la enseñaron sus fotografías, estaban todos. También la mostraron una caja que chorreaba sangre, la abrieron y se vieron dos dedos de bebé. Entonces, Sage si lloró, lloró de rabia y pataleó todo lo fuerte que podía, gritando. Un crack anunció la ruptura de la piedra, un pedacito de mesa cayó al suelo. Sage lo vio y lo escuchó, echó una mirada feroz a sus acompañantes y empezó a golpear con sus pies la piedra. Las estacas de madera subían y bajaban desgarrando la carne interna de los tobillos de Sage, pero no se detuvo. Siguió pataleando hasta que consiguió romperlo del todo, en menos de diez segundos, gracias a la velocidad vampírica. Consiguió liberar sus piernas. Un puñetazo en su mejilla acababa de cruzarle la cara a Sage.
Otro grito salió por su garganta.

-¡La verbena! ¡Si se libera, nos matará a todos! -escuchó a un hombre con bata blanca que corría saliendo por la puerta.
-Vais a sufrir, hijos de puta.

Con esas seis últimas palabras, Sage encontró la fuerza necesaria para sacar sus muñecas de la mesa de un tirón. Con sus muñecas se llevó también las estacas, que arrancó con la boca. Ahora estaba de pie, a penas se sostenía pero podía defenderse, con una bata de enfermo de hospital. Esperó a que algún valiente se acercara. No tuvo que aguardar mucho la espera. Al primero que se le acercó le arrancó la cabeza con un único movimiento, la volcó en su boca abierta para que la sangre cayera directamente por su garganta. Bien. Empezaba a recuperarse.

Jueves, 3 de octubre, 00:01.
"Última hora, un pueblo al oeste de Virginia ha sido masacrado, parece un ataque de animales salvajes, las autoridades se están haciendo cargo".

martes, 24 de septiembre de 2013

Sage, cazavampiros.

Estaba con un vampiro muerto en la mano, sacó la daga de madera de su boca y se la volvió a guardar. No le había dado tiempo a soltar la voz de alarma, era un vampiro incompetente pero, gracias a ello, Sage pudo entrar con sigilo, sin ser vista.
Caminó por el agua con olor a algo muerto y en un avanzado estado de descomposición hasta que llegó a una boca de algo parecido a un túnel, tenía que servirse de su oído ya que el olfato se le estaba atrofiando por momentos.
Sus botas negras de militar no hacían ruido acompañando los pasos en el agua. Sacó las pistolas de las fundas del cinturón y las puso pegadas a su pecho para que no ocupara mucho espacio y fuera más difícil averiguar donde estaba.
Al llegar al final de ese túnel escuchó tres voces masculinas que hablaban de cuántas veces se habían follado a una humana mientras bebían de ella. Sage rodó los ojos y esperó hasta que el primero pasó por su lado, colocó la pistola en su sien a velocidad vampírica y disparó, la bala de madera atravesó su cráneo mientras los otros dos se colocaban a ambos lados de ella sujetando sus brazos y tirando tan fuerte que parecía como si se los fueran a arrancar de cuajo. Sage dio una voltereta hacia atrás, cuando sus brazos giraron, las pistolas quedaron pegadas a las mejillas de ambos y ella no lo dudó. Se escucharon otros dos disparos, ambos cayeron al suelo pero no estaban muertos.
Sage se guardó las pistolas en las fundas y sacó la misma daga con la que había matado al primero, atravesó los corazones de ambos con ellas y escuchó, nada más terminar, unos pasos correr demasiado deprisa hacia ella por su espalda. Sin mover su cuerpo un solo centímetro, lanzó la daga hacia atrás dejándola clavada en la garganta del vampiro. Se levantó al tiempo que sacaba una de sus pistolas, colocó los pies a ambos lados del cuerpo del vampiro y disparó a su pecho explotando su amargo corazón muerto.
Escuchaba como se iban acercando varios pares de pies, intentó contarlos para ver si tenía posibilidad de matarlos dentro del túnel pero eran demasiados. Miró alrededor buscando la salida más próxima, no la encontró y estaba rodeada. Dio un salto clavando sus uñas en el techo del túnel. El pelo rojo caía hacia abajo sujeto por una coleta. Los vio venir, eran muchos, más de los que habría imaginado y se acercaban rápido. Muy rápido, tanto que a Sage no la dio tiempo a pensar cuando la habían tirado al suelo. Pero ella también era rápida, más que ninguno de los que había allí, sacó las pistolas de nuevo y apuntó a los corazones de los que tenía cerca vaciando ambos cargadores, se abrió un hueco para salir y lo hizo mientras hacía caer los recipientes de las pistolas y ponía los otros a velocidad vampírica, ahora estaba en la boca del túnel con todos los vampiros en él, justo donde debía haber estado al principio. Apuntó a los vampiros que se acercaban, siempre con el mismo patrón: rodilla, corazón y cabeza. Cada cargador tenía quince balas, no se desperdició ni una, todas fueron a parar a los objetivos que tenía ella.
Disparo a rodilla, caía al suelo. Corazón y cabeza, muertos. Mató así a veinte vampiros. Diez heridos en las rodillas y, ahora si contó, ocho más viniendo hacia ella. Tiró las pistolas al suelo, ya no servían para nada. Cogió la ballesta de su espalda y la cargó con una flecha. Puso el ojo derecho en la mirilla y cerró el izquierdo, los vampiros se acercaban, más y más, pero disparó únicamente cuando vio a tres de ellos alinearse a la derecha de ella, flecha directa al corazón del primero, lo atravesó y se clavó en el pecho del segundo. Cuando pasó esto, Sage se tiró al suelo tapándose los oídos y "boom", la punta de la flecha explotó haciendo pedacitos los cuerpos de los tres vampiros. Quedaban cinco. Guardó su ballesta y sacó los cuchillos de su pierna derecha, tres en cada mano, lanzó uno y luego otro en posición horizontal directos a las gargantas de los vampiros, el último se quedó clavado en la pared. Sage sacó la estaca de la bota derecha y, en menos de cinco segundos tenía muertos a esos vampiros. Los heridos de la rodilla seguían tirados en el suelo intentando quitarse las balas para poder escapar.
Sage volvió a coger la ballesta, colocó una flecha lentamente, disfrutando el momento. Se escuchaban las súplicas de los vampiros.

-Ella vendrá a por ti -advirtió uno de ellos.
-La espero impaciente.

Y disparó la flecha haciendo que quedase clavada en un trozo de algo asqueroso en la pared del túnel. Una segunda explosión provocó el derrumbamiento de esa parte. Ella volvió a colocarse la ballesta a la espalda y salió de allí por una alcantarilla que tenía justo encima de su cabeza.
Una vez fuera cogió su moto y volvió a Mystic Falls, esperándola.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Carta de Finn a Sage

Querida Sag:
¿Por donde empezar? No lo se... Pero creo que lo primero que debería hacer es pedirte perdón.
Perdón por haberte hecho esperar tantos años y perdón por haberlo tirado todo a la basura el otro día.
Porque aunque digas que la culpa fue tuya, se que ha sido solamente mía. Si hubiera aprovechado mas cada momento, si te hubiera demostrado que como yo nadie te va a querer nunca, si te hubiera cuidado más, seguramente ahora no estaría escribiendo esta carta, porque te tendría a mi lado.
Porque si Sag, porque puede pasar el tiempo que quieras, puedo estar con todas las tías que quieras que voy a seguir pensando lo mismo que ahora, te voy a seguir amando a ti, porque siempre fuiste y siempre seras tu.
La razón por la que me merece la pena vivir eternamente, la única razón por la que merecería la pena levantarme cada mañana y acostarme cada noche.
No tengo mucho mas que decir, porque se que las palabras se las lleva el viento, y que los hechos son lo que importan.
Si pudiera volver atrás te juro que lo haría, pero no volvería al momento en el que te besaste con Bi, o al momento en el que lo conociste. No, volvería al momento en el que te abandone, para cogerte la mano y no volver a soltarla nunca mas.
Y ya se que es tarde para arrepentirme, pero bueno, como se suele decir, mejor tarde que nunca.
Y también se que estas "moñerias" a ti no te van, pero necesitaba que lo supieras.
Que supieras lo mucho que me importas y como a cada segundo se me hace mas letal tu ausencia.
En estos momentos estaré muy lejos de ti, pero que sepas que ese pedacito de mi que se fue cuando te marchaste, siempre estará contigo. No lo olvides nunca por favor.
Te quiero.
Finn.

lunes, 5 de agosto de 2013

La cuna.


Sage fue a casa de un amigo de hacía muchos años, quizá demasiados para poder llevar la cuenta. Sin rodeos llamó al timbre y, en menos de dos segundos ya había abierto la puerta el hombre alto y fibroso, de pelo castaño por encima de los hombros, lacio y brillante, sus ojos marrón oscuro se achinaban acompañando una sonrisa al verla.

-Wow... Sexy -se acercó a ella y dejó un corto beso en sus labios antes de sonreír de nuevo- ¿qué te trae por aquí, pelirroja? -dijo subiéndose la cremallera del pantalón.
-¿Follando, Johnny? -Sage ladeó la cabeza riendo divertida al mirar su bulto disimulado- quería recordar viejos tiempos con viejos amigos -se encogió de hombros.
-¿Si, eh? -John ya sabía por qué lo decía- ¿qué necesitas? -la miró a los ojos.
-Armas.

Al escucharlo, John rodeó la cintura de Sage para acompañarla dentro de la casa vigilando que no los viera nadie, se separó de ella y la miró fijamente.

-Armas... ¿para qué?
-De todo -contestó ella fríamente.
-¿Qué vas a hacer, Sage? -sacudió la cabeza como gesto de desaprobación- no me gusta.
-No te tiene que gustar, solo tienes que dármelo -la pelirroja mordía su labio en una especie de tic nervioso.
-¿Vas a dejar algún día de hacer el gilipollas y ponerte en peligro?
-Lo dudo -los labios de la chica se arquearon ligeramente hacia la izquierda.
-He oído rumores, Sage...
-¿Qué rumores?
-Que Bi King es vampiro, Wot y Lindsay han aparecido ahora y tú tienes un grupo de lobos bajo tu mando.
-Isss... todo verdad menos los lobos, son híbridos, cuatro -la pelirroja mostraba una sonrisa de orgullo.
-¿Para qué? ¿Qué tramas ahora, Sage? -una mirada severa se dirigía hacia ella.
-Deja de mirarme así... no eres mi padre.
-Como si lo fuera -se acercaba a ella señalándola con el dedo índice mientras lo decía- lo sabes -Sage se tuvo que callar porque sabía que tenía razón.
-Bueno, papi, ¿me vas a dar las armas o no? -dijo en tono burlón.
-Exijo saber tu plan.
-Bull ha caído, tenemos el 60% de E.E.U.U, Bi King está en Polonia, pero quiero Afganistan -dijo después del sonoro suspiro.
-¡No puedes! ¡Allí está la cuna!
-Lo se -contestó tranquila.
-Te matarán.
-Lo... se.
-Sage, no lo hagas -John negaba rápido con la cabeza, estaba preocupado por ella- no tienes nada.
-Tengo a las vampiresas, los híbridos, a la momia Mikaelson y tus armas.
-Afganistan está lleno de híbridos, no ha pasado ni un solo vampiro, ¡Sage!
-Es un riesgo que debo correr -ella estaba tranquila, serena, no tenía miedo a la muerte.
-Pero... si me tomo la cura una vez haya cogido la cuna...
-¿Serás humana y podrás salir...?

Sage asintió lentamente, por fin iba a entrar en razón.

-Solo te falta la cura.
-La tengo -dijo ella dando suaves golpecitos a su costado.
-¡Puta genia! -contestó riendo llevando las manos a su cabeza- ¿y luego qué?
-Luego seré la mejor, ¡revolucionaría todo, John! -ella rió y era la primera vez que lo hacía sin ser fingido desde que había llegado.
-¿A qué precio? -preguntaba John abrazándola.
-Que moriré.

miércoles, 5 de junio de 2013

Flashback - 4 de julio

#FlashBack

Sage volvía a Nueva York, apenas recordaba ya a Ben Scott, "el chico de las trampas", como ella lo llamaba, mucho menos podía imaginar que siguiera allí.
La chica más sexy, como todos pensaban, se dirigía sin mirar a otro lugar que no fuera su objetivo. Rápido y elegante conducía su Celica blanco del 2000, con el que había perdido la carrera contra el chico de las trampas cinco años atrás. Podía escucharse desde lejos la música a todo volumen que tenía puesta "I love rock and roll", esa canción le recordaba algo..., mejor dicho: a alguien. Ella lo ignoraba, simplemente se dedicaba a mover la cabeza al ritmo de la música y golpear el volante marcando un compás agresivo, el viaje era largo, ni siquiera recordaba en qué ciudad había pasado la noche, ella nunca había permanecido más de unas semanas en un mismo lugar, era nómada, había visitado cada rincón del mundo excepto Nueva Orleans, nunca había encontrado nada que la hiciera ir a aquella ciudad, además odiaba la música que invadía sus calles.

No contó el tiempo que tardó en llegar, no le importaba, hacía años que no utilizaba reloj ni calendario, "las cosas pasarán en su debido momento" se decía siempre. Aparcó frente a un bar que le era familiar, hubiera jurado haber estado allí unos años atrás de no ser porque el sitio que ella recordaba olía a una vomitiva mezcla de rata muerta, mierda y sudor. Bajó del coche y palpó su bolsillo trasero izquierdo en busca de su mariposa que, como siempre, estaba allí. Abrió las puertas de par en par entrando, al segundo ya sabía perfectamente donde se situaba cada detalle decorativo: mesa de billar a la derecha, al lado la diana, a la izquierda las máquinas tragaperras y en frente la barra, en la pared que cubría había dos cuadros de botellas que había visto antes, en el techo unas mugrientas lámparas rojas. Sage, con el ceño fruncido, ya sabía donde estaba.

Después de tomar su característico grashopper, de color verde manchado, a una velocidad casi inhumana quiso salir de allí cuanto antes, compulsionó al camarero y le hizo creer que había pagado e incluso había dejado una buena propina, a continuación se dirigió a la puerta, justo antes de tocar el picaporte esta se abrió dejando pasar a un chico con rastas, unos veinte centímetros más alto que la chica sexy, sus ojos azul intenso estaban entrecerrados y acompañaban una amplia sonrisa que dejaba escapar una grave carcajada, el chico musculoso alzaba la vista por encima de su hombro sin fijarse en que Sage estaba delante de él, aquel peculiar hombre vestía unos vaqueros desgastados, unas deportivas blancas y una camiseta que realzaba sus definidos bíceps de un color verde botella, este chico no estaba prestando atención a lo que tenía en frente, sino a otro hombre aún más alto que él, rapado completamente y con una camiseta blanca de tirantes que dejaba ver unos tatuajes que decoraban su musculoso brazo y se extendían un poco por el cuello, "joder ese brazo es como mi pierna" pensaba Sage, pero no era sobre el segundo, sino sobre el primero que se chocó con ella sin haber podido evitarlo, Sage hizo que perdía el equilibrio para que todo saliera como había planeado, el chico de las rastas se volvió para mirarla, la agarró por la cintura con un brazo antes de que ella pudiera fingir su propia caída, la miró y se dio cuenta de que ella sonreía de una manera extraña, su sonrisa era ladeada, sus carnosos labios rojos formaban una media luna en su rostro, subió a sus ojos, esos ojos verde brillante... sin duda era ella.

-Ben -dijo Sage con una seguridad que pocos conseguían tener.
-Sage -Ben la devolvió a su postura vertical- ¿qué haces aquí?
-Pasaba y paré... -ladeó la cabeza mirándolo- invítame a algo.
-Lo que quieras -sonrió ampliamente- mientras no sea la asquerosa plasta verde que tomabas.

Sage rodó los ojos, ambos fueron a la barra, después de unas cuantas copas y la conversación más larga que habían tenido ambos desde hacía mucho.

-¿Cuánto tiempo te quedas?
-No lo se -la chica sexy se encogió de hombros- no tendría donde quedarme tampoco.
-Puedes quedarte en mi casa..., si quieres -ella sonrió, esperaba justo lo que él la dijo, asintió.
-Si insistes... -dijo en un tono indiferente.

Al rato subieron a casa de Ben, él se la enseñó con lujo de detalles y ella, como respuesta, se acomodó con una facilidad envidiable en aquella casa, ella no podría tenerle miedo, no debería temer a nada ya que ella siempre le había ocultado un secreto... era vampiro.

Sage se duchó dejando la puerta abierta, nunca se había avergonzado de su cuerpo y no iba a empezar ahora, si Ben quería ir o no era decisión suya. Cuando la chica sexy salió, con una camiseta amplia y unos pantalones tan cortos que eran tapados por la parte de arriba fue en busca de Ben, al que encontró sentado en el sofá, sin pensarlo dos veces fue directa hacia allí, se sentó a su lado y apoyó la espalda en el reposa-brazos y se cruzó de piernas en un estilo indio algo sugerente, gesto del que el chico de las trampas pasó totalmente, al ver su indiferencia, Sage se acercó más a él, puso las piernas estiradas en su regazo mirándolo, el cuerpo de Ben empezaba a acalorarse, una fiebre le recorría partiendo de la zona de su entrepierna, los fuertes resoplidos le sentaban mal a la chica sexy, ya que lo tomó como que le empezaba a aburrir, en vez de marcharse, ella decidió tumbarse por completo encima de él, la espalda pegada al pecho del chico, las piernas estiradas a lo largo del sofá y la cabeza estratégicamente colocada en el hueco de su cuello para poder aspirar el cálido aroma de la sangre que bombeaba por la yugular, "mmm..." debería estar tan bueno por dentro como lo está por fuera, pensaba.





Los días pasaban y Sage seguía en casa de Ben, ninguno de los dos quería que la chica sexy se fuera de ese piso neoyorquino, ambos se sentían bien cuando el otro estaba al lado, eran mejores sin duda, más fuertes.
Sage entró en los "KOY" sin dificultades, ella los necesitaba para tapar sus asesinatos tanto como los Killers Of York para crecer tan rápido como un rumor. Con Ben y Sage la banda dobló su importancia en dos semanas, a los cinco meses era la más temida de todo el ala este de Estados Unidos, ninguna otra quería ponerse entre las fauces de los KOY.

Sage pasó a tener un nombre en clave, Kiu Ar, que solo conocía su compañero, Bi King, el antes llamado Ben Scott. Los sentimientos entre ambos estaban a flor de piel y no eran obviados por ninguna persona que los hubiera visto juntos, los dos se complementaban de una manera inigualable, eran los Bonnie y Clyde de su época. Solo fallaban dos cosas: Bi seguía desconociendo la naturaleza de Sage y, cada vez que ellos tenían una fuerte discusión a Kiu se le iba la cabeza y hacía una masacre por los alrededores de la que, por supuesto, nadie se imaginaba que fuera culpable.



Al año de entrar Kiu en la banda empezó a instruir a cinco chicas a las que apodó:
 -"Little Pi", a simple vista inocente, manejaba la katana con una rapidez deslumbrante.
 -"Righthand", la mano derecha de Kiu, despiadada y cruel, casi tan observadora como Sage.
 -"Kiu Ewa", hermana de Righthand, era la conciencia de la chica sexy, no necesitaba más que un cuchillo y en menos de treinta segundos conseguía atravesarte.
 -"Sweet Nei", una experta en el arte de la conducción, no se le escapaba un objetivo.
 -"Jennykill", insuperable con las pistolas por cualquier humano.
Consiguió adiestrar a esas chicas, que serían sus guardaespaldas, en menos de una semana, gracias a la compulsión. Bi King no podía creer lo que veía, Kiu Ar había conseguido en menos tiempo que absolutamente nadie, una guardia fiel e inmejorable, ni por asomo conseguiría igualarla con la suya:
 -"Wot Tka", miembro más antiguo y fuerte de los KOY, podría haber heredado el puesto de jefe si Ben no hubiera aparecido, era desconfiado, agresivo y con unas ansias de sangre dignas de un vampiro.
 -"Bley Nax", pasaba desapercibido hasta que empezaba una pelea, muchos decían que estaba loco, tenía tatuada una calavera en su cara, parecía que solo tuviera hueso y nada de músculo o piel, siempre iba con un traje negro y una pajarita.
 -"Little Prince", con solo coger un arma de fuego ya sabía todo de ella, no se le escapaba una víctima, su puntería solo era mejorada por Bi King.





El 4 de julio de ese mismo año, Bi King y Kiu Ar preparaban un plan para aplastar Philadelphia, pocas veces estaban en desacuerdo, esta era una de ellas. Ben explicaba su plan, perfectamente ideado, pocas muertes, sin llamar la atención, a Sage no le parecía bien, su lógica era: si te temen, tendrás poder; y ¿qué mejor forma de ser temido que organizando una extensa red de asesinatos? La conversación se fue calentando hasta el punto de que los gritos de ambos se podían escuchar por todo el bar, nadie quedó que no supiera de lo que hablaban. Kiu, cabreada porque no entendía que Bi la cuestionara eso y que Wot aún siguiera en la banda, salió del bar dando unas sonoras zancadas y cerró de un portazo que hizo retumbar los oídos de los que estaban en la entrada, antes de alejarse gritó un profundo: GILIPOLLAS.

Las calles estaban abarrotadas de gente, Sage no podía dar diez pasos sin chocarse con alguien, cosa que la cabreaba aún más, llegó a una colina donde la gente esperaba a que aparecieran los fuegos artificiales, se sentó detrás de todos y acarició la hierba esperando también la hora de los fuegos, se fijó en cada grupo, amigos y familias estaban en la colina, parejas... ¿normales? Sage bufó al ver a los niñatos dándose de comer medio sándwich o interpretando la mejor escena de "La dama y el vagabundo" con un plato de espaguetis... ¿no se daban cuenta que hacían lo mismo que un cocker y un chucho? La chica sexy resopló, a medida que pasaba el tiempo y observaba a la gente se daba cuenta de lo subnormal que se había vuelto la sociedad, se tumbó y cerró los ojos rememorando en su cabeza cada segundo de la conversación con Bi, a medida que lo recordaba iba enfadándose más, abrió los ojos de nuevo y se dio cuenta de que había anochecido, los fuegos artificiales estaban a punto de comenzar, se incorporó sentándose sobre sus rodillas y crujió su cuello con una sonrisa macabra, miró al cielo "un, dos, tres...", cerró los ojos e imaginó la posición de los grupos: a las doce en punto la pareja que imita a los perros, a la una y diez los universitarios, a las dos y cinco los cubos de basura y baños, a las tres menos cuarto la familia del bebé, no hay nada hasta las nueve y veinte, que está la pareja del sándwich, a las diez y media los viejos, a las once en punto las lesbianas y empezaré por los primeros.

El sonido del primer cohete explotaba en el cielo, cubría de colores la oscuridad y Sage aprovechó para ir a velocidad vampírica al lado de los de las doce, se puso entremedias de la pareja, ladeó la cabeza mirando al chico, rubio de ojos marrón mierda, puso una mueca de asco y colocó las manos en sus mejillas, con un giro de muñeca pudo escuchar el grave "crack" que emitían sus vértebras al descolocarse, tiró el cuerpo inerte a la hierba y se giró para mirar a la chica, tenía el mismo color de pelo que los ojos de su novio, estaba a punto de emitir un grito cuando Sage la calló poniendo la mano en su boca y tumbándola a la vez que giraba su cuello para, un segundo después, hincar los colmillos en él, bebo un poco de su asquerosa sangre, mi mano va a su pecho el cual presiono hasta aplastarlo y notar como el esternón queda pegado a su columna.
Kiu se levantó y, a la misma velocidad de vampiro, corrió hasta llegar al centro del círculo de universitarios, sacó su mariposa del bolsillo e hizo unas maniobras al abrirla, crujió su cuello y dio una vuelta sobre sí misma degollando a todos los participantes del grupo menos a uno, al más guapo lo dejó para el final.

-No grites -dijo mientras le hacía compulsión, el chico asintió.

Sage arrancó la camiseta del chico y puso el filo de la navaja en su pectoral, con un corte limpio el pezón caía al suelo, se escuchaba el llanto sordo dolorido del universitario, la chica sexy cogió la lengua con sus dedos y la sacó de su boca, luego puso la mano en la barbilla del chico y la cerró dando un golpe, tiró el trozo de lengua al suelo dejando al chico con la mandíbula rota y desangrándose.
Kiu fue directa, sin aminorar la velocidad, a la familia del bebé, su favorita, su sonrisa recordaba a la del mismísimo demonio. Cogió la cabeza de la madre con ambas manos y, en menos de un segundo el cuerpo decapitado caía sobre la cuna del niño, a continuación el pecho del padre fue penetrado por la mano de Sage, lo miró a los ojos y agarró su corazón apretando poco a poco, lentamente, giró la muñeca y lo desencajó, ella seguía con la mano ahí metida, ladeó la cabeza mientras veía la muerte en la mirada del padre, fue entonces cuando sacó el corazón y lo puso entre las manos de la madre, "estoy echa una poetisa", pensó ella, orgullosa de su hazaña. Se asomó a la cuna del bebé y recordó las palabras de Ben: los niños son intocables; "¿sí?", lo cogió por los brazos y lo estiró hasta arrancárselos, el bebé calló al suelo, lloraba, gritaba y eso irritaba el perfecto silencio que había creado Kiu en su cabeza, pisó la garganta del niño y la aplastó callando el llanto.
Velozmente apareció al lado de la chica del sándwich, como se empezaba aburrir pero quería acabar lo que había empezado simplemente partió el cuello a los dos sin que les diera tiempo a enterarse.
Solo quedaba un grupo, las lesbianas eran las siguientes, Sage interrumpió su abrazo tumbándose en medio, miró a la morena a los ojos haciendo compulsión de nuevo.

-Tú, arranca el pelo a tu novia la pelirroja, nadie puede tener el mismo color de pelo que yo.

La chica sexy se apartó para ver la escena, se iba alejando sin parar de mirar su obra, se dio la vuelta y se colocó bien la chaqueta de cuero negra mientras escuchaba los gritos de la que le copió el color de pelo y se encendía un cigarro.