#FlashBack
Sage volvía a Nueva York, apenas recordaba ya a Ben Scott, "el chico de las trampas", como ella lo llamaba, mucho menos podía imaginar que siguiera allí.
La chica más sexy, como todos pensaban, se dirigía sin mirar a otro lugar que no fuera su objetivo. Rápido y elegante conducía su Celica blanco del 2000, con el que había perdido la carrera contra el chico de las trampas cinco años atrás. Podía escucharse desde lejos la música a todo volumen que tenía puesta "I love rock and roll", esa canción le recordaba algo..., mejor dicho: a alguien. Ella lo ignoraba, simplemente se dedicaba a mover la cabeza al ritmo de la música y golpear el volante marcando un compás agresivo, el viaje era largo, ni siquiera recordaba en qué ciudad había pasado la noche, ella nunca había permanecido más de unas semanas en un mismo lugar, era nómada, había visitado cada rincón del mundo excepto Nueva Orleans, nunca había encontrado nada que la hiciera ir a aquella ciudad, además odiaba la música que invadía sus calles.
No contó el tiempo que tardó en llegar, no le importaba, hacía años que no utilizaba reloj ni calendario, "las cosas pasarán en su debido momento" se decía siempre. Aparcó frente a un bar que le era familiar, hubiera jurado haber estado allí unos años atrás de no ser porque el sitio que ella recordaba olía a una vomitiva mezcla de rata muerta, mierda y sudor. Bajó del coche y palpó su bolsillo trasero izquierdo en busca de su mariposa que, como siempre, estaba allí. Abrió las puertas de par en par entrando, al segundo ya sabía perfectamente donde se situaba cada detalle decorativo: mesa de billar a la derecha, al lado la diana, a la izquierda las máquinas tragaperras y en frente la barra, en la pared que cubría había dos cuadros de botellas que había visto antes, en el techo unas mugrientas lámparas rojas. Sage, con el ceño fruncido, ya sabía donde estaba.
Después de tomar su característico grashopper, de color verde manchado, a una velocidad casi inhumana quiso salir de allí cuanto antes, compulsionó al camarero y le hizo creer que había pagado e incluso había dejado una buena propina, a continuación se dirigió a la puerta, justo antes de tocar el picaporte esta se abrió dejando pasar a un chico con rastas, unos veinte centímetros más alto que la chica sexy, sus ojos azul intenso estaban entrecerrados y acompañaban una amplia sonrisa que dejaba escapar una grave carcajada, el chico musculoso alzaba la vista por encima de su hombro sin fijarse en que Sage estaba delante de él, aquel peculiar hombre vestía unos vaqueros desgastados, unas deportivas blancas y una camiseta que realzaba sus definidos bíceps de un color verde botella, este chico no estaba prestando atención a lo que tenía en frente, sino a otro hombre aún más alto que él, rapado completamente y con una camiseta blanca de tirantes que dejaba ver unos tatuajes que decoraban su musculoso brazo y se extendían un poco por el cuello, "joder ese brazo es como mi pierna" pensaba Sage, pero no era sobre el segundo, sino sobre el primero que se chocó con ella sin haber podido evitarlo, Sage hizo que perdía el equilibrio para que todo saliera como había planeado, el chico de las rastas se volvió para mirarla, la agarró por la cintura con un brazo antes de que ella pudiera fingir su propia caída, la miró y se dio cuenta de que ella sonreía de una manera extraña, su sonrisa era ladeada, sus carnosos labios rojos formaban una media luna en su rostro, subió a sus ojos, esos ojos verde brillante... sin duda era ella.
-Ben -dijo Sage con una seguridad que pocos conseguían tener.
-Sage -Ben la devolvió a su postura vertical- ¿qué haces aquí?
-Pasaba y paré... -ladeó la cabeza mirándolo- invítame a algo.
-Lo que quieras -sonrió ampliamente- mientras no sea la asquerosa plasta verde que tomabas.
Sage rodó los ojos, ambos fueron a la barra, después de unas cuantas copas y la conversación más larga que habían tenido ambos desde hacía mucho.
-¿Cuánto tiempo te quedas?
-No lo se -la chica sexy se encogió de hombros- no tendría donde quedarme tampoco.
-Puedes quedarte en mi casa..., si quieres -ella sonrió, esperaba justo lo que él la dijo, asintió.
-Si insistes... -dijo en un tono indiferente.
Al rato subieron a casa de Ben, él se la enseñó con lujo de detalles y ella, como respuesta, se acomodó con una facilidad envidiable en aquella casa, ella no podría tenerle miedo, no debería temer a nada ya que ella siempre le había ocultado un secreto... era vampiro.
Sage se duchó dejando la puerta abierta, nunca se había avergonzado de su cuerpo y no iba a empezar ahora, si Ben quería ir o no era decisión suya. Cuando la chica sexy salió, con una camiseta amplia y unos pantalones tan cortos que eran tapados por la parte de arriba fue en busca de Ben, al que encontró sentado en el sofá, sin pensarlo dos veces fue directa hacia allí, se sentó a su lado y apoyó la espalda en el reposa-brazos y se cruzó de piernas en un estilo indio algo sugerente, gesto del que el chico de las trampas pasó totalmente, al ver su indiferencia, Sage se acercó más a él, puso las piernas estiradas en su regazo mirándolo, el cuerpo de Ben empezaba a acalorarse, una fiebre le recorría partiendo de la zona de su entrepierna, los fuertes resoplidos le sentaban mal a la chica sexy, ya que lo tomó como que le empezaba a aburrir, en vez de marcharse, ella decidió tumbarse por completo encima de él, la espalda pegada al pecho del chico, las piernas estiradas a lo largo del sofá y la cabeza estratégicamente colocada en el hueco de su cuello para poder aspirar el cálido aroma de la sangre que bombeaba por la yugular, "mmm..." debería estar tan bueno por dentro como lo está por fuera, pensaba.
Los días pasaban y Sage seguía en casa de Ben, ninguno de los dos quería que la chica sexy se fuera de ese piso neoyorquino, ambos se sentían bien cuando el otro estaba al lado, eran mejores sin duda, más fuertes.
Sage entró en los "KOY" sin dificultades, ella los necesitaba para tapar sus asesinatos tanto como los Killers Of York para crecer tan rápido como un rumor. Con Ben y Sage la banda dobló su importancia en dos semanas, a los cinco meses era la más temida de todo el ala este de Estados Unidos, ninguna otra quería ponerse entre las fauces de los KOY.
Sage pasó a tener un nombre en clave, Kiu Ar, que solo conocía su compañero, Bi King, el antes llamado Ben Scott. Los sentimientos entre ambos estaban a flor de piel y no eran obviados por ninguna persona que los hubiera visto juntos, los dos se complementaban de una manera inigualable, eran los Bonnie y Clyde de su época. Solo fallaban dos cosas: Bi seguía desconociendo la naturaleza de Sage y, cada vez que ellos tenían una fuerte discusión a Kiu se le iba la cabeza y hacía una masacre por los alrededores de la que, por supuesto, nadie se imaginaba que fuera culpable.
Al año de entrar Kiu en la banda empezó a instruir a cinco chicas a las que apodó:
-"Little Pi", a simple vista inocente, manejaba la katana con una rapidez deslumbrante.
-"Righthand", la mano derecha de Kiu, despiadada y cruel, casi tan observadora como Sage.
-"Kiu Ewa", hermana de Righthand, era la conciencia de la chica sexy, no necesitaba más que un cuchillo y en menos de treinta segundos conseguía atravesarte.
-"Sweet Nei", una experta en el arte de la conducción, no se le escapaba un objetivo.
-"Jennykill", insuperable con las pistolas por cualquier humano.
Consiguió adiestrar a esas chicas, que serían sus guardaespaldas, en menos de una semana, gracias a la compulsión. Bi King no podía creer lo que veía, Kiu Ar había conseguido en menos tiempo que absolutamente nadie, una guardia fiel e inmejorable, ni por asomo conseguiría igualarla con la suya:
-"Wot Tka", miembro más antiguo y fuerte de los KOY, podría haber heredado el puesto de jefe si Ben no hubiera aparecido, era desconfiado, agresivo y con unas ansias de sangre dignas de un vampiro.
-"Bley Nax", pasaba desapercibido hasta que empezaba una pelea, muchos decían que estaba loco, tenía tatuada una calavera en su cara, parecía que solo tuviera hueso y nada de músculo o piel, siempre iba con un traje negro y una pajarita.
-"Little Prince", con solo coger un arma de fuego ya sabía todo de ella, no se le escapaba una víctima, su puntería solo era mejorada por Bi King.
El 4 de julio de ese mismo año, Bi King y Kiu Ar preparaban un plan para aplastar Philadelphia, pocas veces estaban en desacuerdo, esta era una de ellas. Ben explicaba su plan, perfectamente ideado, pocas muertes, sin llamar la atención, a Sage no le parecía bien, su lógica era: si te temen, tendrás poder; y ¿qué mejor forma de ser temido que organizando una extensa red de asesinatos? La conversación se fue calentando hasta el punto de que los gritos de ambos se podían escuchar por todo el bar, nadie quedó que no supiera de lo que hablaban. Kiu, cabreada porque no entendía que Bi la cuestionara eso y que Wot aún siguiera en la banda, salió del bar dando unas sonoras zancadas y cerró de un portazo que hizo retumbar los oídos de los que estaban en la entrada, antes de alejarse gritó un profundo: GILIPOLLAS.
Las calles estaban abarrotadas de gente, Sage no podía dar diez pasos sin chocarse con alguien, cosa que la cabreaba aún más, llegó a una colina donde la gente esperaba a que aparecieran los fuegos artificiales, se sentó detrás de todos y acarició la hierba esperando también la hora de los fuegos, se fijó en cada grupo, amigos y familias estaban en la colina, parejas... ¿normales? Sage bufó al ver a los niñatos dándose de comer medio sándwich o interpretando la mejor escena de "La dama y el vagabundo" con un plato de espaguetis... ¿no se daban cuenta que hacían lo mismo que un cocker y un chucho? La chica sexy resopló, a medida que pasaba el tiempo y observaba a la gente se daba cuenta de lo subnormal que se había vuelto la sociedad, se tumbó y cerró los ojos rememorando en su cabeza cada segundo de la conversación con Bi, a medida que lo recordaba iba enfadándose más, abrió los ojos de nuevo y se dio cuenta de que había anochecido, los fuegos artificiales estaban a punto de comenzar, se incorporó sentándose sobre sus rodillas y crujió su cuello con una sonrisa macabra, miró al cielo "un, dos, tres...", cerró los ojos e imaginó la posición de los grupos: a las doce en punto la pareja que imita a los perros, a la una y diez los universitarios, a las dos y cinco los cubos de basura y baños, a las tres menos cuarto la familia del bebé, no hay nada hasta las nueve y veinte, que está la pareja del sándwich, a las diez y media los viejos, a las once en punto las lesbianas y empezaré por los primeros.
El sonido del primer cohete explotaba en el cielo, cubría de colores la oscuridad y Sage aprovechó para ir a velocidad vampírica al lado de los de las doce, se puso entremedias de la pareja, ladeó la cabeza mirando al chico, rubio de ojos marrón mierda, puso una mueca de asco y colocó las manos en sus mejillas, con un giro de muñeca pudo escuchar el grave "crack" que emitían sus vértebras al descolocarse, tiró el cuerpo inerte a la hierba y se giró para mirar a la chica, tenía el mismo color de pelo que los ojos de su novio, estaba a punto de emitir un grito cuando Sage la calló poniendo la mano en su boca y tumbándola a la vez que giraba su cuello para, un segundo después, hincar los colmillos en él, bebo un poco de su asquerosa sangre, mi mano va a su pecho el cual presiono hasta aplastarlo y notar como el esternón queda pegado a su columna.
Kiu se levantó y, a la misma velocidad de vampiro, corrió hasta llegar al centro del círculo de universitarios, sacó su mariposa del bolsillo e hizo unas maniobras al abrirla, crujió su cuello y dio una vuelta sobre sí misma degollando a todos los participantes del grupo menos a uno, al más guapo lo dejó para el final.
-No grites -dijo mientras le hacía compulsión, el chico asintió.
Sage arrancó la camiseta del chico y puso el filo de la navaja en su pectoral, con un corte limpio el pezón caía al suelo, se escuchaba el llanto sordo dolorido del universitario, la chica sexy cogió la lengua con sus dedos y la sacó de su boca, luego puso la mano en la barbilla del chico y la cerró dando un golpe, tiró el trozo de lengua al suelo dejando al chico con la mandíbula rota y desangrándose.
Kiu fue directa, sin aminorar la velocidad, a la familia del bebé, su favorita, su sonrisa recordaba a la del mismísimo demonio. Cogió la cabeza de la madre con ambas manos y, en menos de un segundo el cuerpo decapitado caía sobre la cuna del niño, a continuación el pecho del padre fue penetrado por la mano de Sage, lo miró a los ojos y agarró su corazón apretando poco a poco, lentamente, giró la muñeca y lo desencajó, ella seguía con la mano ahí metida, ladeó la cabeza mientras veía la muerte en la mirada del padre, fue entonces cuando sacó el corazón y lo puso entre las manos de la madre, "estoy echa una poetisa", pensó ella, orgullosa de su hazaña. Se asomó a la cuna del bebé y recordó las palabras de Ben: los niños son intocables; "¿sí?", lo cogió por los brazos y lo estiró hasta arrancárselos, el bebé calló al suelo, lloraba, gritaba y eso irritaba el perfecto silencio que había creado Kiu en su cabeza, pisó la garganta del niño y la aplastó callando el llanto.
Velozmente apareció al lado de la chica del sándwich, como se empezaba aburrir pero quería acabar lo que había empezado simplemente partió el cuello a los dos sin que les diera tiempo a enterarse.
Solo quedaba un grupo, las lesbianas eran las siguientes, Sage interrumpió su abrazo tumbándose en medio, miró a la morena a los ojos haciendo compulsión de nuevo.
-Tú, arranca el pelo a tu novia la pelirroja, nadie puede tener el mismo color de pelo que yo.
La chica sexy se apartó para ver la escena, se iba alejando sin parar de mirar su obra, se dio la vuelta y se colocó bien la chaqueta de cuero negra mientras escuchaba los gritos de la que le copió el color de pelo y se encendía un cigarro.
Sage volvía a Nueva York, apenas recordaba ya a Ben Scott, "el chico de las trampas", como ella lo llamaba, mucho menos podía imaginar que siguiera allí.
La chica más sexy, como todos pensaban, se dirigía sin mirar a otro lugar que no fuera su objetivo. Rápido y elegante conducía su Celica blanco del 2000, con el que había perdido la carrera contra el chico de las trampas cinco años atrás. Podía escucharse desde lejos la música a todo volumen que tenía puesta "I love rock and roll", esa canción le recordaba algo..., mejor dicho: a alguien. Ella lo ignoraba, simplemente se dedicaba a mover la cabeza al ritmo de la música y golpear el volante marcando un compás agresivo, el viaje era largo, ni siquiera recordaba en qué ciudad había pasado la noche, ella nunca había permanecido más de unas semanas en un mismo lugar, era nómada, había visitado cada rincón del mundo excepto Nueva Orleans, nunca había encontrado nada que la hiciera ir a aquella ciudad, además odiaba la música que invadía sus calles.
No contó el tiempo que tardó en llegar, no le importaba, hacía años que no utilizaba reloj ni calendario, "las cosas pasarán en su debido momento" se decía siempre. Aparcó frente a un bar que le era familiar, hubiera jurado haber estado allí unos años atrás de no ser porque el sitio que ella recordaba olía a una vomitiva mezcla de rata muerta, mierda y sudor. Bajó del coche y palpó su bolsillo trasero izquierdo en busca de su mariposa que, como siempre, estaba allí. Abrió las puertas de par en par entrando, al segundo ya sabía perfectamente donde se situaba cada detalle decorativo: mesa de billar a la derecha, al lado la diana, a la izquierda las máquinas tragaperras y en frente la barra, en la pared que cubría había dos cuadros de botellas que había visto antes, en el techo unas mugrientas lámparas rojas. Sage, con el ceño fruncido, ya sabía donde estaba.
Después de tomar su característico grashopper, de color verde manchado, a una velocidad casi inhumana quiso salir de allí cuanto antes, compulsionó al camarero y le hizo creer que había pagado e incluso había dejado una buena propina, a continuación se dirigió a la puerta, justo antes de tocar el picaporte esta se abrió dejando pasar a un chico con rastas, unos veinte centímetros más alto que la chica sexy, sus ojos azul intenso estaban entrecerrados y acompañaban una amplia sonrisa que dejaba escapar una grave carcajada, el chico musculoso alzaba la vista por encima de su hombro sin fijarse en que Sage estaba delante de él, aquel peculiar hombre vestía unos vaqueros desgastados, unas deportivas blancas y una camiseta que realzaba sus definidos bíceps de un color verde botella, este chico no estaba prestando atención a lo que tenía en frente, sino a otro hombre aún más alto que él, rapado completamente y con una camiseta blanca de tirantes que dejaba ver unos tatuajes que decoraban su musculoso brazo y se extendían un poco por el cuello, "joder ese brazo es como mi pierna" pensaba Sage, pero no era sobre el segundo, sino sobre el primero que se chocó con ella sin haber podido evitarlo, Sage hizo que perdía el equilibrio para que todo saliera como había planeado, el chico de las rastas se volvió para mirarla, la agarró por la cintura con un brazo antes de que ella pudiera fingir su propia caída, la miró y se dio cuenta de que ella sonreía de una manera extraña, su sonrisa era ladeada, sus carnosos labios rojos formaban una media luna en su rostro, subió a sus ojos, esos ojos verde brillante... sin duda era ella.
-Ben -dijo Sage con una seguridad que pocos conseguían tener.
-Sage -Ben la devolvió a su postura vertical- ¿qué haces aquí?
-Pasaba y paré... -ladeó la cabeza mirándolo- invítame a algo.
-Lo que quieras -sonrió ampliamente- mientras no sea la asquerosa plasta verde que tomabas.
Sage rodó los ojos, ambos fueron a la barra, después de unas cuantas copas y la conversación más larga que habían tenido ambos desde hacía mucho.
-¿Cuánto tiempo te quedas?
-No lo se -la chica sexy se encogió de hombros- no tendría donde quedarme tampoco.
-Puedes quedarte en mi casa..., si quieres -ella sonrió, esperaba justo lo que él la dijo, asintió.
-Si insistes... -dijo en un tono indiferente.
Al rato subieron a casa de Ben, él se la enseñó con lujo de detalles y ella, como respuesta, se acomodó con una facilidad envidiable en aquella casa, ella no podría tenerle miedo, no debería temer a nada ya que ella siempre le había ocultado un secreto... era vampiro.
Sage se duchó dejando la puerta abierta, nunca se había avergonzado de su cuerpo y no iba a empezar ahora, si Ben quería ir o no era decisión suya. Cuando la chica sexy salió, con una camiseta amplia y unos pantalones tan cortos que eran tapados por la parte de arriba fue en busca de Ben, al que encontró sentado en el sofá, sin pensarlo dos veces fue directa hacia allí, se sentó a su lado y apoyó la espalda en el reposa-brazos y se cruzó de piernas en un estilo indio algo sugerente, gesto del que el chico de las trampas pasó totalmente, al ver su indiferencia, Sage se acercó más a él, puso las piernas estiradas en su regazo mirándolo, el cuerpo de Ben empezaba a acalorarse, una fiebre le recorría partiendo de la zona de su entrepierna, los fuertes resoplidos le sentaban mal a la chica sexy, ya que lo tomó como que le empezaba a aburrir, en vez de marcharse, ella decidió tumbarse por completo encima de él, la espalda pegada al pecho del chico, las piernas estiradas a lo largo del sofá y la cabeza estratégicamente colocada en el hueco de su cuello para poder aspirar el cálido aroma de la sangre que bombeaba por la yugular, "mmm..." debería estar tan bueno por dentro como lo está por fuera, pensaba.
Los días pasaban y Sage seguía en casa de Ben, ninguno de los dos quería que la chica sexy se fuera de ese piso neoyorquino, ambos se sentían bien cuando el otro estaba al lado, eran mejores sin duda, más fuertes.
Sage entró en los "KOY" sin dificultades, ella los necesitaba para tapar sus asesinatos tanto como los Killers Of York para crecer tan rápido como un rumor. Con Ben y Sage la banda dobló su importancia en dos semanas, a los cinco meses era la más temida de todo el ala este de Estados Unidos, ninguna otra quería ponerse entre las fauces de los KOY.
Sage pasó a tener un nombre en clave, Kiu Ar, que solo conocía su compañero, Bi King, el antes llamado Ben Scott. Los sentimientos entre ambos estaban a flor de piel y no eran obviados por ninguna persona que los hubiera visto juntos, los dos se complementaban de una manera inigualable, eran los Bonnie y Clyde de su época. Solo fallaban dos cosas: Bi seguía desconociendo la naturaleza de Sage y, cada vez que ellos tenían una fuerte discusión a Kiu se le iba la cabeza y hacía una masacre por los alrededores de la que, por supuesto, nadie se imaginaba que fuera culpable.
Al año de entrar Kiu en la banda empezó a instruir a cinco chicas a las que apodó:
-"Little Pi", a simple vista inocente, manejaba la katana con una rapidez deslumbrante.
-"Righthand", la mano derecha de Kiu, despiadada y cruel, casi tan observadora como Sage.
-"Kiu Ewa", hermana de Righthand, era la conciencia de la chica sexy, no necesitaba más que un cuchillo y en menos de treinta segundos conseguía atravesarte.
-"Sweet Nei", una experta en el arte de la conducción, no se le escapaba un objetivo.
-"Jennykill", insuperable con las pistolas por cualquier humano.
Consiguió adiestrar a esas chicas, que serían sus guardaespaldas, en menos de una semana, gracias a la compulsión. Bi King no podía creer lo que veía, Kiu Ar había conseguido en menos tiempo que absolutamente nadie, una guardia fiel e inmejorable, ni por asomo conseguiría igualarla con la suya:
-"Wot Tka", miembro más antiguo y fuerte de los KOY, podría haber heredado el puesto de jefe si Ben no hubiera aparecido, era desconfiado, agresivo y con unas ansias de sangre dignas de un vampiro.
-"Bley Nax", pasaba desapercibido hasta que empezaba una pelea, muchos decían que estaba loco, tenía tatuada una calavera en su cara, parecía que solo tuviera hueso y nada de músculo o piel, siempre iba con un traje negro y una pajarita.
-"Little Prince", con solo coger un arma de fuego ya sabía todo de ella, no se le escapaba una víctima, su puntería solo era mejorada por Bi King.
El 4 de julio de ese mismo año, Bi King y Kiu Ar preparaban un plan para aplastar Philadelphia, pocas veces estaban en desacuerdo, esta era una de ellas. Ben explicaba su plan, perfectamente ideado, pocas muertes, sin llamar la atención, a Sage no le parecía bien, su lógica era: si te temen, tendrás poder; y ¿qué mejor forma de ser temido que organizando una extensa red de asesinatos? La conversación se fue calentando hasta el punto de que los gritos de ambos se podían escuchar por todo el bar, nadie quedó que no supiera de lo que hablaban. Kiu, cabreada porque no entendía que Bi la cuestionara eso y que Wot aún siguiera en la banda, salió del bar dando unas sonoras zancadas y cerró de un portazo que hizo retumbar los oídos de los que estaban en la entrada, antes de alejarse gritó un profundo: GILIPOLLAS.
Las calles estaban abarrotadas de gente, Sage no podía dar diez pasos sin chocarse con alguien, cosa que la cabreaba aún más, llegó a una colina donde la gente esperaba a que aparecieran los fuegos artificiales, se sentó detrás de todos y acarició la hierba esperando también la hora de los fuegos, se fijó en cada grupo, amigos y familias estaban en la colina, parejas... ¿normales? Sage bufó al ver a los niñatos dándose de comer medio sándwich o interpretando la mejor escena de "La dama y el vagabundo" con un plato de espaguetis... ¿no se daban cuenta que hacían lo mismo que un cocker y un chucho? La chica sexy resopló, a medida que pasaba el tiempo y observaba a la gente se daba cuenta de lo subnormal que se había vuelto la sociedad, se tumbó y cerró los ojos rememorando en su cabeza cada segundo de la conversación con Bi, a medida que lo recordaba iba enfadándose más, abrió los ojos de nuevo y se dio cuenta de que había anochecido, los fuegos artificiales estaban a punto de comenzar, se incorporó sentándose sobre sus rodillas y crujió su cuello con una sonrisa macabra, miró al cielo "un, dos, tres...", cerró los ojos e imaginó la posición de los grupos: a las doce en punto la pareja que imita a los perros, a la una y diez los universitarios, a las dos y cinco los cubos de basura y baños, a las tres menos cuarto la familia del bebé, no hay nada hasta las nueve y veinte, que está la pareja del sándwich, a las diez y media los viejos, a las once en punto las lesbianas y empezaré por los primeros.
El sonido del primer cohete explotaba en el cielo, cubría de colores la oscuridad y Sage aprovechó para ir a velocidad vampírica al lado de los de las doce, se puso entremedias de la pareja, ladeó la cabeza mirando al chico, rubio de ojos marrón mierda, puso una mueca de asco y colocó las manos en sus mejillas, con un giro de muñeca pudo escuchar el grave "crack" que emitían sus vértebras al descolocarse, tiró el cuerpo inerte a la hierba y se giró para mirar a la chica, tenía el mismo color de pelo que los ojos de su novio, estaba a punto de emitir un grito cuando Sage la calló poniendo la mano en su boca y tumbándola a la vez que giraba su cuello para, un segundo después, hincar los colmillos en él, bebo un poco de su asquerosa sangre, mi mano va a su pecho el cual presiono hasta aplastarlo y notar como el esternón queda pegado a su columna.
Kiu se levantó y, a la misma velocidad de vampiro, corrió hasta llegar al centro del círculo de universitarios, sacó su mariposa del bolsillo e hizo unas maniobras al abrirla, crujió su cuello y dio una vuelta sobre sí misma degollando a todos los participantes del grupo menos a uno, al más guapo lo dejó para el final.
-No grites -dijo mientras le hacía compulsión, el chico asintió.
Sage arrancó la camiseta del chico y puso el filo de la navaja en su pectoral, con un corte limpio el pezón caía al suelo, se escuchaba el llanto sordo dolorido del universitario, la chica sexy cogió la lengua con sus dedos y la sacó de su boca, luego puso la mano en la barbilla del chico y la cerró dando un golpe, tiró el trozo de lengua al suelo dejando al chico con la mandíbula rota y desangrándose.
Kiu fue directa, sin aminorar la velocidad, a la familia del bebé, su favorita, su sonrisa recordaba a la del mismísimo demonio. Cogió la cabeza de la madre con ambas manos y, en menos de un segundo el cuerpo decapitado caía sobre la cuna del niño, a continuación el pecho del padre fue penetrado por la mano de Sage, lo miró a los ojos y agarró su corazón apretando poco a poco, lentamente, giró la muñeca y lo desencajó, ella seguía con la mano ahí metida, ladeó la cabeza mientras veía la muerte en la mirada del padre, fue entonces cuando sacó el corazón y lo puso entre las manos de la madre, "estoy echa una poetisa", pensó ella, orgullosa de su hazaña. Se asomó a la cuna del bebé y recordó las palabras de Ben: los niños son intocables; "¿sí?", lo cogió por los brazos y lo estiró hasta arrancárselos, el bebé calló al suelo, lloraba, gritaba y eso irritaba el perfecto silencio que había creado Kiu en su cabeza, pisó la garganta del niño y la aplastó callando el llanto.
Velozmente apareció al lado de la chica del sándwich, como se empezaba aburrir pero quería acabar lo que había empezado simplemente partió el cuello a los dos sin que les diera tiempo a enterarse.
Solo quedaba un grupo, las lesbianas eran las siguientes, Sage interrumpió su abrazo tumbándose en medio, miró a la morena a los ojos haciendo compulsión de nuevo.
-Tú, arranca el pelo a tu novia la pelirroja, nadie puede tener el mismo color de pelo que yo.
La chica sexy se apartó para ver la escena, se iba alejando sin parar de mirar su obra, se dio la vuelta y se colocó bien la chaqueta de cuero negra mientras escuchaba los gritos de la que le copió el color de pelo y se encendía un cigarro.