Sage estaba enseñando el lenguaje de signos a Einstein, quería que él aprendiera a comunicarse por si solo y sabía que podía conseguirlo.
-Einstein, vamos pequeño, "tengo hambre" -dijo.
Su frase iba acompañada de un movimiento, Sage juntó sus dedos estirados y los puso sobre sus labios, después extendió la mano llevándola a su abdomen, haciendo pequeños círculos en él.
-Tengo hambre -repetía una y otra vez intentando enseñar a su chimpancé.
Así pasaban los minutos y las horas mientras Peter trabajaba hasta que Einstein empezó a chillar y dar volteretas por todo el salón. La pelirroja resopló a sabiendas de lo que quería el pequeño simio. Se levantó y camino con total tranquilidad a la cocina, sacando un plátano de la nevera, el cual enseñó a su amigo, que se quedó quieto mirándola atento, esperando su comida.
-Tengo hambre.
Sage alzó las cejas al decirlo, esperando que, de una vez, el mono respondiera como ella quería.
De pronto, Einstein llevó su pequeña mano a los labios, haciendo después círculos en su barriguita con ella. La pelirroja empezó a reír contenta viendo como él lo seguía pidiendo, se lo dio porque el simio sabía pelarlo y lo dejó en el salón mientras iba a ver a su hijo.
Ever estaba en el colegio, de modo que a estas horas de la mañana y sin nadie con quien jugar, Benji seguiría dormido, había salido igual de dormilón que su madre.
Sage cogió en brazos a su pequeño y empezó a besuquearlo por todas partes, despertándolo por fin.
-Ay... mami pada po favo -murmuró Benji aún adormilado, frotando sus ojitos despacio.
-Vamos a preparar la comida mientras esperamos a papi... que estará a punto de llegar -susurró tierna, dando un pequeño beso en la mejilla del bebé.
-Vade... pedo yo solo te veo, mami -contestó apoyando la mejilla en el hombro de ella.
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Una pequeña explosión hizo saltar las alarmas de incendios de la casa, Sage había metido un cazo de metal en el microondas y había salido ardiendo, ahora la cocina estaba en llamas, aunque en unas llamas inmóviles. Seguía sonando la alarma pero el fuego no avanzaba.
Sage estaba con las manos extendidas delante de su cara, protegiendo a Benji con su propio cuerpo, abrió un ojo para ver lo que pasaba, ya que no notaba calor por ninguna parte, entonces vio lo que había hecho.
Ella había conseguido parar el tiempo, pero solo de la parte que amenazaba con ponerlos en peligro.
-Mami... ¿qué has hechio ya? -preguntó Benji, asomando su cabecita por el lado derecho del cuerpo de la pelirroja.
-Te he salvado -contestó ella sin más, mientras iba a por el extintor del pasillo.
Vació el contenedor rojo cilíndrico por todas las llamas, sin comprender como había podido hacer eso. Ni siquiera le había dicho a Peter que movía cosas, ¿cómo le iba a contar ahora todo de golpe?
-Ya te dijo papi que no podías meted hiedo en el apadaaato, mami, pedo tú ni caso y pos hala, has tenido que salvame po no hacer caso niguuuuno -el pequeño hablaba desde la trona mientras veía como su madre recogía todo.
-El microondas estaba roto y... este será nuestro secreto -sonrió ella, guiñando un ojo a su pequeño-