jueves, 26 de septiembre de 2013

Lunes, 30 de septiembre de 2013, 21:55.

Lunes, 30 de septiembre de 2013, 21:55.

Sage salió de casa con los cascos puestos, iba al gimnasio. No es que lo necesitara, pero siempre se fijaba en los cuerpos de sus compañeros y le encantaba verlos.
Hacía footing centrando sus pensamientos única y exclusivamente en la música que escuchaba, ya no era esa agresiva de antes, ahora estaba escuchando "when I was your man" de "Bruno Mars". Se estaba empeñando en cambiar de verdad. ¿Por qué? Solo ella lo sabía.
De repente algo la atacó, la placó y cuatro pares de manos sujetaban su cuerpo ahora. No le dio tiempo a nada cuando inyectaron verbena en su cuello. No sabía cómo ni por qué había pasado pero estaba inconsciente.
Las mismas manos pusieron una bolsa en su cabeza. La maniataron y la metieron al maletero de un coche, poco espacioso cabe añadir.

-

Martes, 1 de octubre de 2013, 10:15.
Dos balazos, uno en cada pierna, hicieron despertar a Sage con un profundo grito salido de lo más hondo de su estómago, no por el dolor, si no por la rabia. Últimamente estaba muy distraída, esta era la consecuencia.
Estaba esposada, con grilletes y una estaca de madera atravesando sus extremidades, a una mesa dura, de piedra posiblemente, tampoco quería detenerse a comprobar si era granito o una simple pizarra.
Ya atada, la primera voz que oyó fue la de alguien que dijo ser médico y la informó de la gravedad de las hemorragias en las piernas y que, por eso, no intentara resistirse.

-Soy inmortal, gilipollas -contestó ella aún encapuchada.

Nadie contestó. Se presentó otra voz que dijo ser "la Derecha". Manifestó que ellos sabían que Sage había sido la causante de todas las muertes en el nido y que, por ello, "la Reina" quería ver como la torturaban.

-Oh... así que tú eres "la Derecha" de "la Reina", vaya..., estoy frente a la mano que masturba a alguna vampiresa cachonda -Sage no sabía de donde sacaba las fuerzas ni el ingenio. Pero cada vez tenía peor humor.

Nadie la hizo caso.
Durante horas, Sage fue sometida a descargas eléctricas, pinzaban sus labios, abdomen y orejas y daban descargas cada vez más fuertes. Consiguió ella, sin proponérselo, hacerlos enfadar aún más ya que, aunque la hacían gritar y estremecerse, no consiguieron que se desmayara.
Comenzaron entonces, incorporando la mesa que debía tener algún sistema para ponerla como si fuera una silla, un apaleamiento sistemático y rítmico con varillas de madera en la espalda, las pantorrillas y las plantas de los pies. Al principio el dolor era intenso. Después se hacía insoportable. Por fin se perdía la sensación corporal y se insensibilizaba totalmente la zona apaleada. El dolor, incontenible, reaparecía al rato de cesar con el castigo. Y se acrecentaba al arrancarle la camisa que se había pegado a las llagas, para llevarla a una nueva "sesión".
La quemaron, en dos o tres oportunidades, con algún instrumento metálico. Tampoco lo vio, pero la sensación era de que le apoyaban algo duro. No un cigarrillo que se aplasta, si no algo parecido a un clavo calentado al rojo, lo pusieron sobre sus piernas y brazos varias veces.
Después, con toda paciencia del mundo, comenzaron a despellejar las plantas de sus pies. Suponía, no lo vio porque no la quitaban la puta capucha, que lo hacían con una hoja de afeitar o un bisturí. A veces sentía que rasgaban como si tiraran de la piel, desde el borde de la llaga, con una pinza. Esa vez si se desmayó.
Desde entonces empezó a sentir que convivía con la muerte.
Cuando no estaba en sesión de tortura, alucinaba con ella. A veces despierta y otras en sueños.

Miércoles, 2 de octubre de 2013, 09:00.
Cuando la iban a buscar para una nueva "sesión" lo hacían gritando y entraban a la celda pateando la puerta y golpeando lo que encontraran. Violentamente. Por eso, antes de que se acercaran a ella, ya sabía que la tocaba. Por eso, también, vivía pendiente del momento en que se iban a acercar para buscarla.
De todo ese tiempo, el recuerdo más vivido, más aterrorizante, era ese de estar conviviendo con la muerte. Sentía que no podía pensar. Buscaba, desesperadamente, un pensamiento para poder darse cuenta de que estaba viva. De que no estaba loca. Y, al mismo tiempo, deseaba con todas sus fuerzas que pudieran matarla.
La lucha en su cerebro era constante. Por un lado: «recobrar la lucidez y que no la desestructuraran las ideas», y por el otro: «Qué acabaran con ella de una vez».

Varias horas más tarde, al ver que no lloraba, a la tortura física que se aplicaba desde el primer momento, se agregaba la psicológica.

-Sabemos que tienes dos hijos: Ever y Benjamin, ¿verdad? También sabemos que hay un Peter.

En ese momento la quitaron la capucha y la enseñaron sus fotografías, estaban todos. También la mostraron una caja que chorreaba sangre, la abrieron y se vieron dos dedos de bebé. Entonces, Sage si lloró, lloró de rabia y pataleó todo lo fuerte que podía, gritando. Un crack anunció la ruptura de la piedra, un pedacito de mesa cayó al suelo. Sage lo vio y lo escuchó, echó una mirada feroz a sus acompañantes y empezó a golpear con sus pies la piedra. Las estacas de madera subían y bajaban desgarrando la carne interna de los tobillos de Sage, pero no se detuvo. Siguió pataleando hasta que consiguió romperlo del todo, en menos de diez segundos, gracias a la velocidad vampírica. Consiguió liberar sus piernas. Un puñetazo en su mejilla acababa de cruzarle la cara a Sage.
Otro grito salió por su garganta.

-¡La verbena! ¡Si se libera, nos matará a todos! -escuchó a un hombre con bata blanca que corría saliendo por la puerta.
-Vais a sufrir, hijos de puta.

Con esas seis últimas palabras, Sage encontró la fuerza necesaria para sacar sus muñecas de la mesa de un tirón. Con sus muñecas se llevó también las estacas, que arrancó con la boca. Ahora estaba de pie, a penas se sostenía pero podía defenderse, con una bata de enfermo de hospital. Esperó a que algún valiente se acercara. No tuvo que aguardar mucho la espera. Al primero que se le acercó le arrancó la cabeza con un único movimiento, la volcó en su boca abierta para que la sangre cayera directamente por su garganta. Bien. Empezaba a recuperarse.

Jueves, 3 de octubre, 00:01.
"Última hora, un pueblo al oeste de Virginia ha sido masacrado, parece un ataque de animales salvajes, las autoridades se están haciendo cargo".

martes, 24 de septiembre de 2013

Sage, cazavampiros.

Estaba con un vampiro muerto en la mano, sacó la daga de madera de su boca y se la volvió a guardar. No le había dado tiempo a soltar la voz de alarma, era un vampiro incompetente pero, gracias a ello, Sage pudo entrar con sigilo, sin ser vista.
Caminó por el agua con olor a algo muerto y en un avanzado estado de descomposición hasta que llegó a una boca de algo parecido a un túnel, tenía que servirse de su oído ya que el olfato se le estaba atrofiando por momentos.
Sus botas negras de militar no hacían ruido acompañando los pasos en el agua. Sacó las pistolas de las fundas del cinturón y las puso pegadas a su pecho para que no ocupara mucho espacio y fuera más difícil averiguar donde estaba.
Al llegar al final de ese túnel escuchó tres voces masculinas que hablaban de cuántas veces se habían follado a una humana mientras bebían de ella. Sage rodó los ojos y esperó hasta que el primero pasó por su lado, colocó la pistola en su sien a velocidad vampírica y disparó, la bala de madera atravesó su cráneo mientras los otros dos se colocaban a ambos lados de ella sujetando sus brazos y tirando tan fuerte que parecía como si se los fueran a arrancar de cuajo. Sage dio una voltereta hacia atrás, cuando sus brazos giraron, las pistolas quedaron pegadas a las mejillas de ambos y ella no lo dudó. Se escucharon otros dos disparos, ambos cayeron al suelo pero no estaban muertos.
Sage se guardó las pistolas en las fundas y sacó la misma daga con la que había matado al primero, atravesó los corazones de ambos con ellas y escuchó, nada más terminar, unos pasos correr demasiado deprisa hacia ella por su espalda. Sin mover su cuerpo un solo centímetro, lanzó la daga hacia atrás dejándola clavada en la garganta del vampiro. Se levantó al tiempo que sacaba una de sus pistolas, colocó los pies a ambos lados del cuerpo del vampiro y disparó a su pecho explotando su amargo corazón muerto.
Escuchaba como se iban acercando varios pares de pies, intentó contarlos para ver si tenía posibilidad de matarlos dentro del túnel pero eran demasiados. Miró alrededor buscando la salida más próxima, no la encontró y estaba rodeada. Dio un salto clavando sus uñas en el techo del túnel. El pelo rojo caía hacia abajo sujeto por una coleta. Los vio venir, eran muchos, más de los que habría imaginado y se acercaban rápido. Muy rápido, tanto que a Sage no la dio tiempo a pensar cuando la habían tirado al suelo. Pero ella también era rápida, más que ninguno de los que había allí, sacó las pistolas de nuevo y apuntó a los corazones de los que tenía cerca vaciando ambos cargadores, se abrió un hueco para salir y lo hizo mientras hacía caer los recipientes de las pistolas y ponía los otros a velocidad vampírica, ahora estaba en la boca del túnel con todos los vampiros en él, justo donde debía haber estado al principio. Apuntó a los vampiros que se acercaban, siempre con el mismo patrón: rodilla, corazón y cabeza. Cada cargador tenía quince balas, no se desperdició ni una, todas fueron a parar a los objetivos que tenía ella.
Disparo a rodilla, caía al suelo. Corazón y cabeza, muertos. Mató así a veinte vampiros. Diez heridos en las rodillas y, ahora si contó, ocho más viniendo hacia ella. Tiró las pistolas al suelo, ya no servían para nada. Cogió la ballesta de su espalda y la cargó con una flecha. Puso el ojo derecho en la mirilla y cerró el izquierdo, los vampiros se acercaban, más y más, pero disparó únicamente cuando vio a tres de ellos alinearse a la derecha de ella, flecha directa al corazón del primero, lo atravesó y se clavó en el pecho del segundo. Cuando pasó esto, Sage se tiró al suelo tapándose los oídos y "boom", la punta de la flecha explotó haciendo pedacitos los cuerpos de los tres vampiros. Quedaban cinco. Guardó su ballesta y sacó los cuchillos de su pierna derecha, tres en cada mano, lanzó uno y luego otro en posición horizontal directos a las gargantas de los vampiros, el último se quedó clavado en la pared. Sage sacó la estaca de la bota derecha y, en menos de cinco segundos tenía muertos a esos vampiros. Los heridos de la rodilla seguían tirados en el suelo intentando quitarse las balas para poder escapar.
Sage volvió a coger la ballesta, colocó una flecha lentamente, disfrutando el momento. Se escuchaban las súplicas de los vampiros.

-Ella vendrá a por ti -advirtió uno de ellos.
-La espero impaciente.

Y disparó la flecha haciendo que quedase clavada en un trozo de algo asqueroso en la pared del túnel. Una segunda explosión provocó el derrumbamiento de esa parte. Ella volvió a colocarse la ballesta a la espalda y salió de allí por una alcantarilla que tenía justo encima de su cabeza.
Una vez fuera cogió su moto y volvió a Mystic Falls, esperándola.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Carta de Finn a Sage

Querida Sag:
¿Por donde empezar? No lo se... Pero creo que lo primero que debería hacer es pedirte perdón.
Perdón por haberte hecho esperar tantos años y perdón por haberlo tirado todo a la basura el otro día.
Porque aunque digas que la culpa fue tuya, se que ha sido solamente mía. Si hubiera aprovechado mas cada momento, si te hubiera demostrado que como yo nadie te va a querer nunca, si te hubiera cuidado más, seguramente ahora no estaría escribiendo esta carta, porque te tendría a mi lado.
Porque si Sag, porque puede pasar el tiempo que quieras, puedo estar con todas las tías que quieras que voy a seguir pensando lo mismo que ahora, te voy a seguir amando a ti, porque siempre fuiste y siempre seras tu.
La razón por la que me merece la pena vivir eternamente, la única razón por la que merecería la pena levantarme cada mañana y acostarme cada noche.
No tengo mucho mas que decir, porque se que las palabras se las lleva el viento, y que los hechos son lo que importan.
Si pudiera volver atrás te juro que lo haría, pero no volvería al momento en el que te besaste con Bi, o al momento en el que lo conociste. No, volvería al momento en el que te abandone, para cogerte la mano y no volver a soltarla nunca mas.
Y ya se que es tarde para arrepentirme, pero bueno, como se suele decir, mejor tarde que nunca.
Y también se que estas "moñerias" a ti no te van, pero necesitaba que lo supieras.
Que supieras lo mucho que me importas y como a cada segundo se me hace mas letal tu ausencia.
En estos momentos estaré muy lejos de ti, pero que sepas que ese pedacito de mi que se fue cuando te marchaste, siempre estará contigo. No lo olvides nunca por favor.
Te quiero.
Finn.